Starter para: @cnoch
No supo en qué momento su salida desde la oficina un jueves por la tarde cualquiera, —dispuesto a ir a casa—, varió hacia el bar a unas cuantas cuadras de su trabajo. Tampoco comprendió cómo de una sola botella fría de cerveza, terminó llegando a seis en tiempo récord y, mucho menos, estuvo consciente en qué instante su travesía emocional de: ‘Ya la superé’, lo llevó a estar de pie ante la puerta de la única persona que lograba poner su mundo de cabeza con simplemente asomar a sus recuerdos. Ciertamente, se mantuvo varado ante la entrada subiendo y bajando su mano derecha al tiempo que luchaba consigo mismo por llamar o no a la puerta, tantas veces como usó su otra extremidad libre para rascarse la nuca mientras su ceño se mantenía fruncido. Estaba debatiéndose si presentarse o no era lo correcto, si pudiese o no ser capaz de enfrentarla luego de decirle que necesitaba un nuevo rumbo y que seguir, aparentemente, no era lo mejor. Oh, vaya que se sentía valiente allí, muy audaz para contarle unas cuantas verdades y mostrarle lo bien que su vida estaba yendo. Pero ¿a quién quería engañar?, quizá a nivel laboral las cosas marchaban bien, pero en cuanto a lo emocional… No era más que un ente andante. Le venía extrañando a mares, recordando de sus momentos juntos, de la forma de entenderse, de la belleza de su sonrisa adormilada al despertar por la mañana… La extrañaba en tantos sentidos, que simplemente ya no se sentía él.
Con un gruñido bajo y suspirante, se volvió tratando de desertar. Porque lo cuerdo luchaba con lo ebrio y ninguno de sus lados quería llegar a consenso. Y la cabeza le daba tantas vueltas… Acabó nuevamente contra la madera que lo separaba de ella tras arrastrar sus pies, apoyando su cabeza y su diestra casi a la par, tan derrotado como traicionado consigo mismo. No estaba seguro de la hora, o sí mucho menos la encontraría allí. Fue cuando el aire se le atoró en la garganta y abrió los ojos con pavor irguiendo su espalda en un respingo, porque… ¿Qué tal si ya existía alguien más en su vida? Su mano fue mucho más rápida que su razón, y fue así como terminó tocando el timbre de forma insistente.
“No, no, no…” Mascullaba intranquilo sacudiendo a la par su cabeza en negación.













