Cosas que he aprendido durante la cuarentena
He escrito una y otra vez esta entrada, en algunas de las ocaciones sonando lo más pesimista que se puede, en otras reflexionando sobre los eventos que impactaron el mundo durante mi vida y cómo este es el primero de muchos que vienen a transformarlo todo. La verdad es que quería desahogarme sobre cómo me he sentido durante esta pandemia y qué cosas he aprendido durante este tiempo, tanto lo bonito, como lo frustrante y temeroso.
Lo primero que aprendí es que no importa dónde estés, después de un tiempo todo espacio se hace más pequeño. A veces no nos damos cuenta porque nuestra vida hacia afuera es tan absorbente que llegar a casa, cenar, tomar una ducha y dormir nos daban esta sensación de amplitud, pero después de ver la misma pared por más de 18 horas consecutivas, empiezas a sentir que se encoge, que la cocina día a día es más pequeña y el patio donde tomas aire ya no es suficiente mundo.
Aprendí que no necesita haber zombies o fuego en las calles para que salir a comprar despensa o productos esenciales sea todo un reto emocional y de riesgo. Sobre todo porque en los mercados tienes que lidiar con otras personas y por raro que parezca, no todas tienen el mismo sentido de emergencia y responsabilidad, que raro.
También aprendí que esta cuarentena sería mucho peor si no tuviéramos a nuestras mascota con nosotros, que después de un día pesado emocionalmente, un momento con estas criaturas que son máquinas de amor, pueden aligerar en gran medida nuestra existencia. Voy a estar eternamente agradecido por la existencia y cariño de estos pequeños seres llenos de empatía y amorcito.
Aprendí que los trastes jamás se acaban, que llega el punto donde sientes que sería más fácil tirarlos a la basura y comer directo de los sartenes o de un bowl gigante. Hay ocaciones incluso en la que me encuentro lavándolos y siento que me ahogo en ellos, para mi es una metáfora emocional, justo cuando creemos que hemos logrado lidiar con las emociones del día, viene un bonche más, incluso hasta te preguntas, ¿de verdad? ¿de nuevo tengo que lavar esta taza que ya procesé y asimilé en la mañana? Amo lavar trastes y esta cuarentena me lo ha arruinado.
Aprendí que hay muchas formas de sentirse triste, que a veces es imposible nombrar lo que sentimos y puede que te rías con la serie pero después de la carcajada viene la ausencia de todo. Hay días donde siento que lo más que puedo hacer es quedarme tirado, inmóvil, apenas existiendo, hasta que la sensación se va.
Otra cosa que aprendí es que aunque una videollamada nunca vaya a compararse con el abrazar a alguien a quien amas, definitivamente recarga tus fuerzas y te hace sentir cerca de las personas. Quizá es porque aquellas acciones que nos conectan con otras personas en tiempos de crisis son mucho más honestas, fuertes y profundas, aunque sea sólo a través de una pantalla.
Aprendí que no hay algo que nos prepare para lo que viene pero que muchas personas estamos buscando la mejor manera de afrontarlo, aunque esto signifique permitirnos sentir el peso de todo este momento, a la par de conectar y buscar cómo hacer lazos fuertes que nos ayuden a avanzar juntos.
No son tiempos fáciles, pero tampoco nos tenemos que forzar a que se sientan fáciles o hacer de esto un retiro espiritual o una campaña de popularidad y validación, tampoco debemos presionarnos a ser más productivos, a probarle al mundo que podemos siempre ser esa persona super ordenada, feliz, proactiva, emprendedora, son tiempos raros y toda persona está haciendo lo que su corazón le permite un día a la vez, un día a la vez, un día a la vez, un día a la vez, un día a la vez.
He aprendido mucho durante estos tiempos, y mucho de lo que he aprendido es a aceptar lo que siento y aceptar que cada persona está lidiando con esto de algún modo u otro y que quizá lo único que me toca a mi es aprender a aceptar que es un momento raro y que cada quien tiene derecho a sus propias emociones.