¡Estamos en el mundo, pero no somos del mundo!
Lecturas del día (27-may-2020): Hch 20, 28-38 / Sal 68[67], 29-30.33-35ª.35b-36c (R. 122[121], 2) / Jn 17, 11b-19.
«Padre Santo, guárdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros» (Jn 17, 11b)
Todo pecado será una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad. (Catecismo 3-97). Iniciamos la reflexión con esta frase tomada del catecismo de la iglesia católica, por cuánto la Palabra de hoy nos presenta la oración de dos hombres que guiados por el Espíritu piden a Dios guardar a sus discípulos de las tentaciones del mundo.
Jesús con absoluta confianza, oro a su Padre pidiendo que nos guardara del mal y que a través de su Santo Espíritu fuéramos guiados en medio de las tribulaciones. Pero además pidió que fuéramos santificados a través de la verdad, esa verdad a la que solo es posible llegar cuando meditamos en su Palabra y cuando estamos en comunión con Dios.
Por su parte Pablo, advierte a los presbíteros para que tengan cuidado, ya que el maligno asecha el rebaño de Dios para apartarlos del camino de Fe. Indica además que entre la comunidad se meten lobos feroces, que bien pudiéramos interpretar como envidias, egoísmos, rencores, y la ira. Lo más emotivo sin embargo es la oración que hace encomendando su comunidad a Dios y a la Palabra de su gracia, recordándonos que por medio de ella somos santificados.
La Palabra de hoy, pues nos invita a orar por nuestros hermanos de comunidad, por nuestros familiares, por nuestros amigos, para que sean guardados en el amor de Dios, para que nuestra confianza siempre esta puesta en su Palabra y no en las falsas noticias que nos ofrece el mundo, o en las vanidades propias de la superficialidad humana.
¡Los cristianos estamos en el mundo, pero no somos del mundo! Y puede que esto nos lleve a sentirnos rechazados incluso por nuestros conocidos más cercanos, sin embargo, cuando nos decidimos a seguir a Cristo, entendemos que este no puede ser nuestro mundo, que las cosas que para otros son normales para nosotros no lo son, que nuestro espíritu se inquieta ante las cosas que están mal, y que las tribulaciones ya no hacen tanto eco en nuestra vida porque vivimos confiados en la bondad de Dios.
Caminando con Jesús, comprendemos que este mundo terreno es efímero, vano, superficial, vacío, y que por tanto estamos llamados a buscar las promesas dadas por nuestro Señor a través de su Palabra, tales como la vida eterna y la santidad.
Por: Familia Guzman Lasso (Fredy & Andrea) – Pastoral Provida Parroquia Inmaculado Corazón de María, Barranquilla – Colombia.
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