Lecturas del día (19-sep-2020): 1Co 15, 35-37 / Sal 56[55], 10.11-12.13-14 (R. cf 14c) / Lc 8, 4-15.
«Salió el sembrador a sembrar su semilla» (Lc 8, 5)
La Liturgia de la Palabra de hoy, nos trae una comparación entre nuestra vida y una siembra, para ello, Jesús presenta cuatro terrenos que simbolizan el corazón del ser humano.
El primer terreno es aquel que está al borde del camino, y está representado en aquellas personas que escuchan la Palabra de Dios y les interesa algo de ella, sin embargo no poseen una fe educada y por tanto su confianza está puesta en las cosas del mundo y no en el Señor.
El segundo terreno es el pedregoso, y está representado por aquellas personas que tienen su corazón tan duro, que al escuchar la Palabra de Dios, como diríamos en términos coloquiales, les entra por un oído y les sale por el otro, oyen pero no escuchan y por tanto no pueden dar el fruto esperado por el Señor.
El tercer terreno es el de abrojos, y está representado por aquellos que escuchan la Palabra, pero por estar pensando en el futuro y en acumular riquezas, pierden la oportunidad de vivir un presente sin afanes y en comunión con Dios.
Finalmente, el cuarto terreno es la tierra buena, representada por todos aquellos que escuchan la Palabra, la ponen en práctica y dan buen fruto a su tiempo.
Hoy es tiempo de revisar el corazón de cada uno de nosotros, para saber cómo es la siembra que ha hecho Jesús en nuestra vida, si la semilla ya tiene raíz, si está próximo a salir el fruto, o si por el contrario la siembra está lejos de ser lo que quiere nuestro Señor para nuestras vidas.
Es tiempo de entender que, para lograr una buena siembra, debemos abonar la tierrita con actitudes agradables a Dios, debemos dejar de pensar en el futuro, en acumular cosas materiales, porque Dios conoce nuestra necesidad y Él la suple en su tiempo, a veces por estar anhelando las cosas del mundo, nos perdemos la gracia de vivir un presente confiados en la voluntad del Señor, no disfrutamos lo que tenemos por la ansiedad de esperar el día de mañana.
Así mismo, estamos invitados a donarnos, a ser generosos, ser hombres nuevos y libres de apegos, de vicios y de todo aquello que impida que en nosotros pueda crecer la semilla que ha colocado Dios a través de su Palabra, recuerda hermano que todo pasa, pero la Palabra permanece, y aplicada a nuestra vida trae bendiciones inimaginables para cada uno de nosotros.
Todo lo material termina, nada nos pertenece, por ejemplo, los hijos crecen y se van de nuestro lado, y lo mismo puede suceder en las relaciones afectivas, sin embargo Dios siempre está, nos acompaña en todo momento. Entonces, ¿por qué no mejor dedicamos nuestro esfuerzo a que nuestro corazón sea tierra buena que da fruto abundante?
Pídele a Dios que aleje de ti toda tentación por las cosas que no le agraden y que te permita ser esa buena semilla, que poco a poco crece, tiene buena raíz y da fruto a su tiempo.
Por: Andrea Lasso Guerra – Pastoral Provida Parroquia Inmaculado Corazón de María, Barranquilla – Colombia.
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