No había señales de que esto me podía suceder, o si? Tal vez si, pero me negaba a qué ya te habías metido bien dentro de mi, de mi corazón, mi alma, hasta el tuétano de mis huesos...
Te volviste mi amor, mi compinche, mi niño, mi todo... El hombre por el cual todos los días despierto con unas ganas enormes de vivir y también de verte y estar a tu lado.
Eres como el aire; esencial para que respirar pueda, y en cada latido vibras, en cada suspiro te evoco, en cada pensamiento te quiero, en cada sonrisa te amo...
Leregi Renga














