el interior cavernoso de su departamento la deja perpleja, como si no fuese ella quien, en los últimos días, estuviese cultivando aquel espacio para convertirlo en un templo de lamentos. con francesas ahí resulta más evidente. las botellas de bebida relucen siniestramente en la penumbra aun con las cortinas corridas, evidenciado que ha estado mintiendo, que es una mentirosa, palabras pendiendo de su lengua en ese momento; estoy bien, todo está bien o las incontables ocasiones en las que ha dicho que no se encuentra en el edificio solo para no recibir visitas. el frágil estado emocional, que ya iba en picada, se desploma completamente, ‘ no se supone que estuvieras aquí hoy ’ no quiere excusarse, pero frase suena bastante como una excusa. ' ¿estas enfadada conmigo? ’ .