Nos advierten de que las economías han perdido competitividad por culpa de salarios demasiado altos y regulaciones demasiado gravosas. Nos dicen que abaratando la mano de obra y desregulando habrá abundancia de inversión privada... pero ya tenemos suficientes datos empíricos y experiencias reales para saber que es totalmente erróneo... tras un análisis de los últimos 25 años de registros financieros de las 300 mayores empresas europeas no financieras que cotizan en bolsa, vimos que dos décadas de capital barato y abundante con altos beneficios empresariales, no han impedido que la inversión, la productividad y los salarios estén estancados. Y el principal obstáculo al crecimiento no ha sido el precio de la mano de obra sino la asignación de capital... Cuando los beneficios de las mayores empresas europeas se destinan cada vez más a la recompra de acciones, al reparto de dividendos y a activos financieros, en vez de a producir e innovar, el resultado es un creciente costo social por mala asignación del capital. Conforme disminuye la rentabilidad del capital productivo, se vuelve más atractivo invertir cada euro adicional en activos financieros antes que en instalar una fábrica o un laboratorio... El precio de este proceso continuo de acumulación financiera lo pagaron los trabajadores. Su participación en la renta de la economía real (excepto en finanzas, seguros, bienes raíces y el sector público) hoy es inferior a la de 2000, y en varios de los principales países europeos sigue en caída... Esto implica que la reducción de empleo no fue en respuesta a pérdidas, sino una táctica de mejora de la rentabilidad. Las ganancias de dos décadas de crecimiento de los beneficios se destinaron al capital, no a los trabajadores que las generaron... El problema no es exclusivo de Europa; refleja una lógica de financierización arraigada en todo el mundo... Pero nada de esto es inevitable. La financierización es resultado de políticas... deben cambiar las condiciones de empleo y distribución del capital. Eso demanda supeditar las ayudas públicas a requisitos vinculantes; que la inversión pública no comparta solamente los riesgos sino también las recompensas; y un modelo de gobernanza corporativa orientada al largo plazo y no al próximo trimestre (Mariana Mazzucato)
"En todo el mundo desarrollado, se oye relatar con inquietud la misma historia. De Bruselas a Washington, dirigentes políticos y empresaria













