(...) Y ese reguero de sangre un continente sumergido en cuya boca aún hierve la espuma de los días indefensos bajo el soplo del sol el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de lentejuelas insaciables esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta en otro cielo en otro infierno regresaba en un barco[.]
Alta marea | Enrique Molina
















