Pendientes de nuestra Constitución
Desde hace 3 años, a partir de la entrada en vigor de la primera Constitución, la Ciudad de México ha pasado por un largo proceso de rediseño y reestructuración a nivel gubernamental y social. Uno de los cambios más significativos es la creación del Sistema de Planeación del Desarrollo, en donde se unirán esfuerzos de los gobiernos de la Ciudad de México y de cada una de las alcaldías.
Estará encabezado por el Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva y su objetivo será diseñar una ciudad moderna, ordenada e incluyente, que nos permita ejercer plenamente nuestros derechos, con espacios públicos dignos, con empleo y desarrollo, en donde por fin podamos salir a las calles y caminar sin miedo.
El reto no es sencillo. Somos una ciudad que no descansa, sin embargo, no estamos exentos de la desconfianza y la incertidumbre que producen las ocurrencias y las malas decisiones tomadas desde Palacio Nacional. Lamentablemente, hoy tenemos un gobierno que no funciona: con un sistema de salud colapsado sin medicamentos, con una economía que no crece, con la peor cifra de creación de empleos de la década, y un largo etcétera.
Para muestra, un dato. Según datos del INEGI, pese a ser la economía local más importante del país (16.4% del PIB nacional), al cierre de 2019 la CDMX ocupaba la segunda posición en desocupación, solo por debajo de Tabasco. Aún así, los negocios siguen haciendo su lucha frente a la inseguridad y las amenazas y las personas seguimos saliendo a trabajar todos los días para llevar dinero y comida a casa.
Quienes habitamos aquí no dejamos de trabajar por una mejor ciudad. Por ello, con visión de futuro, como diputada en la Asamblea Constituyente voté a favor de la creación de un sistema integral de planeación acorde a nuestra realidad, que si hoy se implementa adecuadamente logrará que se haga un uso eficiente de los recursos públicos y naturales y sentará las bases para construir esa ciudad que tanto anhelamos.
Ahora, todas las autoridades tienen la responsabilidad de lograr que los resultados lleguen hasta nuestras colonias y pueblos originarios: que asegure un desarrollo urbano ordenado y responsable, que no haya más construcciones al margen de la ley, que garantice espacios públicos seguros y que fomente las inversiones y la creación de empleos bien remunerados.
Hoy más que nunca debemos construir una ciudad sustentable y moderna, que genere condiciones de desarrollo económico y bienestar para nuestras familias y en donde haya oportunidad para todas las personas. En suma, una ciudad en la que valga la pena vivir.











