{✿‘゚・ theladynadinerahl ‘゚・✿}
Desde que su esposa Eloise había muerto, ocho años atrás, todo lo que Abraham había hecho era cuidar de su pequeña hija Gemma. La niña era la luz de sus ojos y francamente la única cosa que lo mantenía a flote en sus días oscuros. Era precisamente como su nombre; una piedra preciosa que él estaba dispuesto a proteger de todo y de todos, sin importar las consecuencias. Pero Gemma era un espíritu libre, un alma que se enfocaba en ver el mundo para desglosarlo y crear cosas nuevas a partir de sus memorias. Ahí era donde diferían, puesto que él era un hombre de ciencia y de cosas tangibles, no de emociones, ni de aventuras. No al menos como la niña esperaba. Precisamente por eso había decidido contratar a alguien que tuviera la misma pasión que Gemma, alguien que pudiera mantener sus expectativas e ilusiones a flote sin problema. Y mantener conversaciones de más de cinco minutos con las posibles candidatas a hacerse cargo de su hija estaba dejándolo exhausto.
Acompañó a la última a la puerta de la entrada de su casa mientas le obsequiaba una sonrisa forzada y le agradecía por su tiempo. Gemma estaba en la sala, tomando notas sobre lo sucedido y escribiendo su opinión de la mujer. Entonces, alguien diferente llegó. No tenía el tipo de las mujeres que cuidaban niños, incluso parecía más joven que el resto, sin embargo Bram sonrió -¿Estás aquí por el empleo?-




