La noche anterior había estado llena de emociones. Le había hecho el amor por primera vez a la chica que descansaba a mi lado y había aceptado llevar un anillo que me comprometía a serle fiel. Desperté con una sonrisa en el rostro y ella entre mis brazos. No podía explicar la ternura que me causaba verla de esa manera. En ese momento se me ocurrió la idea más cursi que se me pudo haber ocurrido; le prepararía el desayuno. Quería sorprenderla, ya que ser cursi no era parte de mi estilo.
Me levanté con cuidado de no despertarla y caminé hacia la cocina. Abrí el refrigerador y para mi sorpresa estaba casi vacío. Hice una mueca pensando en lo que haría ahora; de verdad quería sorprenderla. Decidí que lo mejor sería comprar algo fuera, ya que no me quedaba opción. Regresé a la estancia y me coloqué el short que traía la noche anterior. Me acerqué a donde estaba ella y me puse de rodillas. Luego me incliné para darle un beso en la mejilla *Voy a comprar el desayuno, bebé. Prometo no tardar* susurré en su oído y volví a dejar un beso en su mejilla antes de levantarme para ir a buscar mis converse y finalmente salir por la puerta principal. No me aseguré de que se despertara, pero esperaba que me hubiese escuchado.









