El día de ayer tuve la oportunidad de ver una película en Netflix que si bien no es para nada reciente, no la había visto. Me dio curiosidad el hecho de que en mi muro de Facebook varias personas posteaban una cita de dicha película, y decía algo así:
"Cuán feliz es el hombre inocente sin delito, el mundo que se olvida del mundo olvidado, el eterno resplandor de una mente sin recuerdos, cumplen las oraciones y rechazan todos los deseos" -Alexander Pope
Y también citaban a Nietzche:
"Benditos sean los olvidadizos pues superan, incluso, sus propios errores"
El mensaje de la trama es que si pudieras borrar cada recuerdo de alguien o algo puedes seguir con una vida menos dolorosa o más ligera. ¿Tiene sentido? ¡Suena hasta utópico! Y podemos fácilmente engancharnos en la idea de que el olvido es algo curativo para las dolencias más profundas.
Después de una mala experiencia, ya sea una pérdida de un bien material, trabajo, muerte de un familiar amado, decepción amorosa, o cualquier cosa que nos cause dolor; decimos, ojalá pudiera olvidarme rápido de esto y seguir adelante! Miramos al futuro con ávida añoranza y maldecimos nuestra condición actual.
Afortunadamente, Dios no olvida y desde la eternidad ha dispuesto cada día hasta ahora en cada uno de los días de sus hijos, que por supuesto sufren en este valle de sombra de muerte que a veces transitamos. Y en el peregrinar como extranjeros en esta tierra que es temporal nos herimos, caemos, sufrimos... pero el peregrino avanza hacia donde vendrá su socorro:
Levantaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tiera. Salmos 121:1,2
En medio del desierto recordamos todos los beneficios de nuestro Dios, desde el día de nuestra salvación hasta justo el día de hoy. Es importante no ser olvidadizos ni buscar el olvido de los días pasados donde fuimos quebrantados, no para añorarlos, sino ver la mano de Dios poderoso librándonos en cada batalla.
No podemos ni debemos olvidarnos de su misericordia y fidelidad que es para nosotros renovada cada mañana.
Podemos ser tentados a decir: ¿por qué no cambia esta o aquella situación en mi vida? ¿Dios no escucha mi oración?
Es momento de sujetar esas emociones temporales y recordar:
He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel.
Es importante recordar a nuestra olvidadiza alma:
Bendice, alma mía, al S eñor , y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, al S eñor , y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es el que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades; el que rescata de la fosa tu vida, el que te corona de bondad y compasión; el que colma de bienes tus años , para que tu juventud se renueve como el águila. El S eñor hace justicia, y juicios a favor de todos los oprimidos.
No hay resplandor en la mente que olvida esto.