Hoy solo quiero apagar el ruido un momento...

seen from South Africa

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from Russia

seen from Malaysia

seen from Jordan
seen from United States

seen from Malaysia

seen from Türkiye
seen from United States
seen from South Africa
seen from Kazakhstan
seen from Chile

seen from Chile
seen from United States
seen from United States

seen from Malaysia

seen from China
seen from Yemen
Hoy solo quiero apagar el ruido un momento...
“…es un amor de fin del mundo. es el fin del mundo pero sólo el amor te salva.”
Fragmento de “Sobre el amor y la muerte” — Carolina Meloni & Mafe Moscoso
"I could be a good mother"
Podría ser una buena madre, no de muchas promesas, no de perfecciones imposibles, solo de amor constante, de presencia eterna.
Desde niña no supe qué quería ser, pero sí supe a quién quería amar antes incluso de que existiera. Un nombre sin rostro, unas manos pequeñas en el futuro, un pedacito mío caminando por el mundo.
Ese sueño creció conmigo, se volvió motor, se volvió ancla, se volvió razón para quedarme cuando todo dolía demasiado.
Pero mi cuerpo aprendió otro idioma. Uno de quistes, de cicatrices invisibles, de palabras médicas que pesan como sentencias.
Endometriosis. SOP. Diagnósticos que no solo duelen en el cuerpo, sino en el alma.
Porque no es solo el miedo a no concebir, es el duelo silencioso por un futuro que quizá no llegue como lo soñé. Es llorar desde los quince por alguien que aún no existe pero ya amo.
Aun así, aquí estoy. Amando sin garantías. Soñando sin certezas.
Porque aunque mi vientre dude, mi corazón no. Porque ser madre también es resistir, también es esperar, también es amar aunque duela.
Y si algún día me llaman “mamá”, sé que sabré cómo hacerlo. Porque ya he aprendido a cuidar sueños frágiles.
Porque incluso en el miedo, yo podría ser una buena madre.
Hay días en los que el pasado no regresa como recuerdo, sino como verdad. Hoy hablé con mi mamá y entendí que el abandono no siempre viene de la maldad, sino del miedo. Me dijo que no supo cómo cuidarnos, que no tuvo la valentía de ser madre cuando más la necesitábamos. No la juzgo, pero esa frase se quedó suspendida en el aire como un disparo lento "no supe cómo cuidarlos". Porque cuando nadie sabe cuidarte, creces creyendo que amar es una forma elegante de resistir el abandono.
Hoy me miro y me veo cansado, no físicamente, sino en lo más profundo de mí cansado de sostener, de comprender, de ser fuerte cuando por dentro estoy fracturado entendí que no tengo amigos, que mi hermana está haciendo su vida, y que la mía se me va entre el trabajo, la casa y los fines de semana en una finca que ya no es proyecto, sino altar, un lugar donde todo me recuerda a quien me crió, a quien sí me sostuvo, y que ahora me acompaña solo desde el cielo, no hay soledad más pesada que aquella que se vive acompañado por recuerdos.
También entendí que en el amor no siempre hay espacio para estar mal que si no contesto rápido, si me apago, si me pierdo un rato en mis silencios, eso se vuelve motivo de molestia como si mi tristeza fuera un error, como si el dolor fuera una falta de compromiso y yo amo, pero a veces no sé cómo amar sin primero rescatarme del naufragio que llevo dentro.
No quiero que nadie cargue con mi historia, pero tampoco quiero desaparecer para no incomodar estoy cansado de pedir que no me dejen solo cansado de tener que demostrar que mi silencio no es desprecio, sino supervivencia, que no es que no quiera estar, es que no siempre sé cómo quedarme sin romperme.
Hoy me permito admitir algo que nunca digo en voz alta estoy aprendiendo a quererme sin testigos a sostenerme cuando nadie más puede hacerlo, a aceptar que tal vez la vida no me enseñó a ser hijo, pero me obligó a ser refugio para mí mismo y si alguien se queda, que sea porque ve mi caos y aun así decide abrazarlo y si alguien se va, que se vaya. Yo ya no quiero mendigar presencia. Quiero existir, incluso herido.
"Yo siempre sostengo… pero cuando me caigo, no hay manos esperándome."🙂
“Ya no corro detrás de nadie quien quiera caminar conmigo, que aprenda a alcanzarme.”
El dolor me enseñó sus miedos,
con las manos llenas de cicatrices
que ya no quiero ocultar.
Hoy no busco olvidar lo que fui,
busco aprender a quererlo.
A no ser invencible,
sino libre.
Quiero transformar el dolor
en esperanza, amor y calma,
en el arte de detenerme
sin miedo a respirar.
Quiero, al fin,
empezar a vivir.
Mamá, el que me veas fuerte no significa que siempre lo soy, no te preocupas porque sabes que siempre puedo con todo, pues esta vez no, tu hija tiene de nuevo el corazón roto