Ninguno de los dos habló. Se quedaron inmóviles durante un momento, luego corrieron el uno hacia el otro y se abrazaron. Se estrecharon más fuerte que nunca, hundiendo las uñas en la carne para demostrarse a sí mismos que todo era verdad. Que se habían encontrado otra vez en una realidad física, que la vida les había ofrecido una segunda oportunidad y la habían jugado juntos.
Memoria --Leonardo Patrignani













