Bueno, aquí estamos de nuevo pero está vez mejor y realmente namorao ✨

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Bueno, aquí estamos de nuevo pero está vez mejor y realmente namorao ✨
Exígeme la vida entera. Arriesga absolutamente todo por mí y te doy mi palabra, te juro con la sangre hirviendo que si meto mis dos manos al puto fuego por ti, no me va a salir ni una sola ampolla. Porque el miedo y las quemaduras de tercer grado solo existen para los que dudan, pero si saltamos los dos al mismo tiempo, sin mirar atrás y sin red de seguridad, el fuego deja de ser una amenaza y se convierte en nuestro propio refugio. No quiero medias tintas ni promesas cobardes, quiero que te juegues el cuello por esta historia para que veas con tus propios ojos cómo yo me arranco el pecho por la tuya.
Voy a apostar por ti con la demencia y la frialdad que puedo asumir, para asegurarte que no tengo nada que perder, pero quiero ganarlo todo. Voy a lanzar sobre la mesa todas mis cartas, a gastar mis últimas balas y a entregarte hasta el último de mis secretos. Me voy a quedar en la ruina emocional amándote, exigiéndome hasta la última gota, hasta que ya no me quede ni un solo as escondido bajo la manga, ni un solo beso huérfano en la boca que pueda darte. Que la prudencia miserable se la queden los cobardes, yo busco la gloria de vaciarme por completo entregándotelo todo.
La gente repite como un disco rayado que la vida es efímera, que el tiempo es cruel y que la existencia se escapa en un suspiro insignificante. Pobres ilusos. No tienen la más mínima idea de lo que ocurre cuando el reloj colapsa al estar a tu lado. Porque si dicen que una vida entera cabe en un solo suspiro, te aseguro que en el hueco de tu cuello, mirándote de frente y respirando tu mismo aire, ya se me han consumido reencarnaciones enteras. Y si mi condena es morir y nacer mil veces más en cada uno de mis suspiros por ti, entonces que así sea.
Ligues, amoríos y stalkers
Durante años me cerré en el estereotipo masculino, donde no debía mostrar ningún tipo de "debilidad", por tanto consideraba el amor como algo que yo no debía sentir... Pero parece que aún así siempre fuí un enamoradizo. Aunque lo negara.
Hay un momento de paz miserable justo antes de abrir los ojos. Una fracción de tiempo pequeñísima donde la cabeza todavía está en blanco, las sábanas pesan lo justo y el mundo exterior no existe. Es el único instante del día en el que mi vida no es un desastre, simplemente porque todavía no he recordado quién soy ni qué me falta.
Pero dura una mierda. Apenas parpadeo y la consciencia arranca, el cerebro no me manda a pensar en los correos que tengo que responder, ni en el tráfico, ni en la rutina. No. El muy cabrón va directo al archivo más doloroso que encuentra y me estampa su sonrisa en la cara. Es un impacto seco, silencioso y fulminante. Y ahí, acostado, mirando el mismo techo de siempre, me doy cuenta de que el día ya se arruinó antes de empezar.
El sonido del despertador es una tontería comparado con el ruido ensordecedor de recordar cómo se le achinaban los ojos cuando se reía conmigo. El ruido mecánico lo apagas con un manotazo, pero esa imagen se te queda clavada en la nuca. Arrancar la mañana tragándote la imagen de su felicidad es arrancar con un ladrillo en el pecho.
Es el peor castigo posible, despertar y que lo primero que haga tu mente sea pasarte la factura exacta de todo lo que dejaste ir.
Este es un regalo que le hice a mi novio. No es el dibujo más trabajado que he hecho pero espero que le guste a él. 💜💜💜💜
Yo estaba en ruinas. Hubo un tiempo oscuro en el que mi único objetivo diario era pasar desapercibido, tragarme mis propios escombros en silencio y rogar que el mundo no notara el puto desastre que llevaba por dentro. Quería volverme transparente, pero tú me miraste. Y no me miraste con lástima, me miraste de verdad, clavando los ojos justo en el centro del caos, como si en medio de toda esa miseria todavía existiera un hombre que valía la pena rescatar. No forzamos nada, dejamos que la vida corriera su curso, pero el tiempo tiene una forma muy cabrona de cobrarte las cuentas pendientes y, sin planearlo, nos volvió a poner de frente.
Pero esta vez las cosas son distintas. Me pasé demasiados años dejándole el control de mi vida a las casualidades, esperando como un idiota a que las estrellas se alinearan o que el destino hiciera el trabajo sucio. Se acabó. Le agradezco a la suerte por haberme abierto la puerta de nuevo, pero hasta aquí llega su turno, el resto me toca a mí. Voy a arrancar la página y a escribir el guion a mi manera.
Ya no hay espacio para la parálisis ni para el terror al impacto. Voy a terminar a pulso, con mis propias manos, lo que la casualidad empezó. Y te juro que en esta versión de la historia, no me tiemblan las piernas para sostenerte y tú no te vas a ir a ningún lado.
Caminar bajo la noche y contemplar las estrellas siempre nos recuerda lo frágiles que somos. Pero ahora que mi mente solo sabe habitar en tus ojos, el firmamento entero me parece solo un boceto, un adorno pálido antes de ti. Si hoy le pido perdón a la luna y a las constelaciones, es porque sé que le he ganado la partida a la naturaleza. Esos inmensos cuerpos celestes llevan eones ardiendo en el vacío, intentando ser el centro de todo, solo para rendirse irremediablemente ante tu mirada al otro lado de la mesa, mientras nos olvidamos del mundo y dejamos que la comida se enfríe. Es la derrota más bella del cosmos. Saber que la galaxia entera no puede competir contigo es mi confesión más pura, ninguna luz del cielo me abraza ni me enciende el alma como lo hace el fuego de tus ojos cuando encuentran los míos.