Un poco improvisado escribo, me callo y no. Todo es silencio o todo es ruido. Me siento atrapado entre tantas salidas, podría tomar una, pero quien me asegura que no está mal.
Tengo miedo de querer ser alguien y no ser nada, y yo me la paso diciendo que sin riesgo la vida no es vida, que todo ha de valer la pena si se hace con fe. Soy el mejor tipo que conozco para ayudar a encontrar algún tipo de solución a todo, sin embargo, no encuentro ni una para mí, ni una en la que tenga una irrevocable fe.
Me callo. Todo es ruido.
Todos hablan, todos están en puto silencio. Todos dicen lo que tengo que hacer, o, hasta hace un tiempo, lo decían; ahora todos dicen que me haga algo, aunque no sea lo mejor. Culpa mía, como todo. No tengo idea de que hacer, no tengo idea de que hago, me muero y lo niego; vivo y me convenzo que soy sólo un ente más, uno que camina in rumo, que ve sin ver, soy lo que detesto que sean y algunas veces lo que quiero ser; cada palabra en contra es contra mí, yo soy el taimado, el quieto, yo soy el conformista, ese que nada más escribe y escribe, que se sueña y se sueña, que dentro de uno vengo siendo lo que necesito ser, lo que, parece, anhelo, ser.
Llegados a este punto, creo que mi madre tiene razón; «Mi niño, primero hay que hacer lo que deje y después lo que apendeje…», no obstante, aquí es donde encuentro la disyuntiva, ya que contrario a lo que se pueda pensar, soy fiel creyendo que leer, escribir o soñar no me dejan un estado taimado, al menos no en totalidad, porque si bien es cierto que se busca el refugio en todo aquello que no te fue inculcado, y ninguna de las tres cosas anteriores se me inculcaron, también es cierto que uno puede despertar con un profundo sueño.
Tal vez, en realidad, querer ser quien eres y soñar con algo mejor sea un suicidio, u homicidio, depende de a cuantos lleves contigo. Y es por eso que me alejo de la gente. Por eso me encanta mi soledad, aunque como a Borges, «La soledad me pesa, la compañía también.», confieso que me encanta más la idea de morir solo, pobre y sin ilusiones pero solo, sin nadie que me recrimine, sin nadie que se ofenda, sin nadie que me obligue a arrepentirme, a morir con un montón de amor fingido a mi alrededor porque al final hice lo que debía hacer y no lo que quería.
Perdónenme, discúlpenme, no tengo palabras para decir que en parte me gusta (aunque cada vez menos) esto, y en parte me está matando (cada vez más).
¿Hacia dónde voy a correr? Me callo y no.