{✿‘゚・ @crepuscularios ‘゚・✿}
Based on This
Si alguien le diera una moneda por cada vez que tenía que disculparse por los desastres que Amelia provocaba, probablemente Mason sería millonario. De hecho, su experiencia era tan basta que incluso tenía disculpas básicas preparadas para toda ocasión. No tenía la compañía de su difunta esposa pero el castaño se las había ingeniado bien para no hundirse en la tristeza, porque su hija lo necesitaba, porque si ella estaba viva, entonces de alguna manera también podría vivir la imagen de la mujer con la que compartió los mejores años de su vida. Se concentró precisamente en eso, en lo bueno que representaba la pequeña mientras veía el mantel blanco de la mesa teñirse de un rojo brillante cuando la bebida de Amelia –volcada por ella misma –se extendía como un río de azúcar coloreada. De inmediato, Mason se puso de pie para apartar a la pequeña y evitar así que ella terminase siendo parte de la nueva decoración del lugar -¿Estás bien? –el vaso era de plástico por lo que estaba seguro que no se había lastimado, sin embargo, podía escuchar los sollozos que venían de ella. Se debía enteramente a que la última vez que sucedió, el dueño del lugar había exigido a gritos que el castaño cubriera los daños y aunque pagar no fue un problema para él, no pudo resguardar a su hija del sobresalto. Escuchó pasos cerca por lo que apartó la vista de Amelia centrándose en que esta vez no iba a permitir que fuese testigo de nada que pudiera dejarle una mala imagen.














