“Simplemente no es importante ponerle nombre ni mucho menos. A nadie le importa realmente. Tú y yo lo sabemos, eso es lo que verdaderamente cuenta,” resopló tras añadir aquellas palabras. “Detente,” la única palabra que salió de entre sus labios cuando volvió a escucharle hablar, River llevándose ambas manos al rostro cual si sus intenciones fueran las de cubrirlo por completo, protegerlo de los factores en su contra. Sin embargo, a medio camino las bajó y agitó la cabeza en ambas direcciones, negándose a ser consumida por algo tan nimio como lo era toda aquella situación. ¿De verdad lo era? No. “Es estúpido que lo digas de esa forma. Y mira, es poco probable que entiendas mi punto,” porque ni siquiera ella era capaz de hacerlo. Otro suspiro la abandonó, la fémina dedicándose a mordisquear con insistencia el interior de su mejilla. Suavizó sus facciones un poco, sus párpados cediendo y la respiración agitada (de la que claramente no se había percatado) adquiriendo un ritmo medianamente normal. “No me cuesta creerlo, sé que lo soy,” pausó. “Me cuesta creer que hayas encontrado a alguien mejor que yo, ¿sabes? Y ni siquiera debería resultarme tan importante, porque eso es relativo. Pero, ¿quieres saber cuál es el verdadero problema? Que me molesta,” admitió. “Y ni siquiera sé por qué, simplemente me hace experimentar una sensación totalmente ajena a lo que soy, ¿entiendes? Es verdaderamente frustrante,” alzó los brazos en un intento de emplear el énfasis necesario para dejar en claro su punto. “Te culpo a ti,” lo señaló con el índice de la diestra. “Por aparecer una vez más y poner mi vida de cabeza,” relajó sus músculos cuando el gran peso desapareció. Ahora necesitaba desaparecer antes de que el calor del momento la abandonara y la obligara a llegar a la conclusión de que todo lo dicho con anterioridad se trataba de un gran error.
“Sí, es estúpido, por eso lo dije de esa forma,” respondió, restándole innecesaria importancia al asunto, estaba siendo amable con ella, tal vez demasiado amable, y entonces recordaba lo vivido con Priscilla, una situación ligeramente parecida, pero mucho más intensa. Decidió guardar silencio, su mirada evitando la contraria hasta que la cobriza decidió hablar, su ceño empezó a fruncirse con ligereza mientras palabras confusas acariciaban sus oídos, ¿estaba hablando en serio? Podía ser parte de una especie de broma, ¿qué iba a saber él? Prefirió esperar a que su acompañante terminara de desahogarse, permitiéndose unos segundos antes de responder. “River, no sé de dónde sacaste que ella era mejor que tú,” o mejor que cualquiera, simplemente eran diferentes tipos de personalidades. “Ella, uh, es capaz de mantener una relación estable, es lo que necesitaba...” un suspiro huyó de su pecho, estaba siendo presionado por un sentimiento que no albergaba hacía tiempo. “¿Sabes lo que a mí me molesta?” decidió sincerarse con sus cejas en alto, sus orbes inspeccionando las facciones femeninas con cuidado. “Que prácticamente no estuvimos más de un mes acostándonos, pero fue suficiente para empezar a sentir algo por ti. Y es ridículo que vuelva a encontrarte ahora, tan ridículo como ponerte tan a la defensiva o culparme por algo que definitivamente fue obra tuya,” pausó, sus pulmones necesitaban recuperar el aire extraviado, colmándolos nuevamente de oxígeno para seguir: “¿Qué pasa si todo esto quiere decir que merecemos una oportunidad? Quizá no sea lo más sensato, pero tiene sentido. Después de todo... hemos madurado, supongo.” El británico encogió sus hombros, era una idea impulsiva que había lanzado sin filtro alguno, ignorando el hecho tener una prometida que, aparentemente, pronto llevaría al altar.