En 2026, la salud global se parece menos a una línea de progreso y más a un tablero donde varias crisis se activan a la vez. No hablamos solo de “enfermedades”, sino de un panorama sanitario atravesado por emergencias, clima extremo, tensiones geopolíticas, cadenas de suministro frágiles y una realidad incómoda: la humanidad sigue reaccionando tarde. La buena noticia es que muchas amenazas se pueden reducir si se anticipan. La mala: anticipar exige datos, planificación y confianza social, tres recursos que hoy se disputan con la misma intensidad que el agua o la energía.