Fragmento de Lanúk. Fantasmas del pasado.
Escalé durante varios días, para salir de aquel agujero. El tiempo, sin descanso, me sirvió para pensar y reflexionar. ¿Merecía soñar con la esperanza?
Todos merecemos una segunda oportunidad. Y por muy equivocado que estuviese, creía que yo era la excepción. Pero si debía de perecer sin el perdón, lo haría haciendo aquello para lo que fui creado. Y con ello arrastraría a todo el mal que había desencadenado.
En el cielo, estrellas y una gran luna llena. Para algunos el significado de una guerra y para otros el momento propicio para rituales y festejos. En el suelo restos de la última batalla librada, batalla en la que equivocado y sumido en mi odio abatí a varios de mis hermanos.
Una niebla espesa se fundía con la tierra oscurecida y húmeda de la noche, que pese al paso de los tiempos, aún tenía ese hedor a sangre y odio. Los árboles milenarios que fueron testigos de todo se agitaban con el viento que me desafiaba, a volver al agujero del que acababa de salir. Y a un lado, ella... Permanecía intacta, tal y como la abandoné. Con manchas de sangre seca, en su fría y dura hoja de metal. Mi fiel compañera y testigo de mis errores mas atroces. Mi fiel espada.
Me acerqué a ella y justo antes de tocarla, caí de rodillas llorando. Recordando todo lo que hice antes de dejarla allí… A la memoria me venían recuerdos de hermanos caídos defendiendo todo a todo lo que yo había dado la espalda… Sus miradas de tristeza al morir a manos de un hermano…”Muertes con honor” decían aquellas lenguas de serpiente que me seguían…
No hay honor en destruir todo por lo que has luchado y darles la espalda a tus hermanos. Sólo por poder… Poder para ser un esclavo de mis atrocidades…
Pero sobre ese campo de batalla olvidado, juré por mis hermanos. Que mi espada no volvería a ser, nunca más desenvainada ante un inocente. Prometí destruir todo el mal que creé y aniquilar a quien me sedujo para llegar hasta ese camino.













