La Guitarra.
Lo único que Marco Agudelo Molano sabia hacer era enamorar a Josefa Sanchez con sus melodías gigantescas y pasión llanera. Decía que su misión en este mundo no era más sino dar mal ejemplo. Fue por esto que inventó su manera propia de cantar y centenares de versos para decirle a la mujer lo que sentía en su corazón y veía en su cabeza. De manera que cuando desapareció su guitarra sintió mil dolores en su pecho, fría la frente y la sangre que bombeaba en las plantas de sus pies. Charló con Jorge Agudelo, su hermano menor, al que alguna vez le había prometido que viajarían por el mundo a punta de sueños. Le comentó el suceso y después de lo que parecieron 3 horas: la policía. Al terminar lo que se podría llamar una investigación humilde, concluyeron que efectivamente la guitarra no estaba, y alguien se la había robado. Notaron la ventana rota del cuarto de baño y decidieron no darle más trabajo a la mente y concluir que por ahí había entrado el culpable. Un minuto más tarde los vecinos Julio Saenz y Marta Cecilia Ponce se invitaron a la investigación, sus opiniones sumamente certeras dieron pie a una discusión que no se había tenido en cuenta. Al parecer Marco Agudelo no sintió el momento en que entraron por la ventana o rompieron el vidrio. No se preocupó ya que por ahí no cabría un gato con hambre y a su vez ni el animal más hábil podría subir los 8 pisos desde la planta del edificio hasta su departamento. Jamas pensó que alguien se atreviera a vivir aquella odisea por una guitarra, así que desde siempre, guardaba aquel viejo instrumento en ese cuarto que nadie usaba. Añadieron que su guitarra no podría venderse, a pesar de que para Marco Agudelo ese pedazo de madera vieja sin precio alguno en el mercado tenía un valor importante. Concluyeron que alguien entró por la puerta y se la llevo en sus propias narices. La noticia llegó a los medios de comunicación gracias a que andaban cubriendo la falta de agua por el fenómeno climático que por ahí se cruzaba. Les pareció apasionante el suceso y no fue más sino que dieran un cabezón llamativo y cubrieron lo que hasta ahora se había concluido. Marco Agudelo jamas pensó que sería famoso y mucho menos por eso aunque, en ese momento, lo único que deseaba era que apareciera su guitarra y salir a cantarle a Josefa mientras trabaja, cómo era su deber. La entrevista duró segundos y el reportero y su camarógrafo decidieron quedarse ahí, solo por si algo más acontecía. De pronto cómo si hubieran sido ellos los que manejaran el destino, una figura se hacía carne desde el ascensor. Era Jose Luis Gomez, el mejor amigo de Marco Agudelo, traía en su espalda su guitarra, pero todos creyeron que era la robada, así que aplaudieron y Jose Luis no dudo en hacer la venía y reírse a carcajadas. Marco Agudelo le contó lo sucedido. Habían pasado ya las horas del almuerzo y Jose Luis llegaba a su hora habitual para ensayar su repertorio cuando se preguntó si una guitarra merecía tanto ruido y Marco Agudelo respondió con su cabeza, rompió en llanto y el camarógrafo no dudo en capturar el conmovedor momento. Fue así que la noticia llegó a los barrios donde gente indignada, más por el momento en que se encontraba la ciudad que por el suceso en si, salió a las calles a protestar. Habían carteles con mensajes alarmantes, otros con ideas de libertad, justicia y fraternidad. Nadie toleraba más este tipo de injusticias y las personas estaban realmente cansadas, solo que a muchos se les olvido el por qué, pero no importaba, se estaban uniendo a algo más grande, algo que no entendían en su totalidad, pero eran participes y eso era lo que más significaba. El transporte público se unió a sus lineas, querían el dinero que se les había prometido y aprovecharon el momento para cumplir sus caprichosos deseos. Fue entonces que la clase media se hizo sentir, la ciudad estaba colapsada. Los estudiantes de universidades públicas no dudaron en sumarse. Los estudiantes de universidades privadas no dudaron en quedarse a estudiar hasta tarde, todo indicaba que no había por qué salir a las calles. Al pasar el día se encontraron con marchas de equipos de futbol, vendedores ambulantes que vendían botellas de agua a precio de dólar y todo tipo de gente que quería ser escuchada. Se hablaba de alzas de impuestos descomunales, falencias gubernamentales, políticos corruptos, matriculas altas, precios de gasolina, de cerveza, de arroz y de azúcar, equipos campeones, directivas inútiles, metros aéreos y subterráneos, espacio público mal diseñado, negligencia en el sistema de salud, deficiencia del transporte público y falta de obras civiles importantes. Cuando se encontraron las marchas, se dieron cuenta que unos marchistas estaban contra otros, viéndose cara a cara. Antes lo que parecía ser algo sublime se convirtió en un desenlace desgarrador. Unos pocos botaron puño y patada, muchos salieron corriendo como pudieron, otros embestidos por sorpresa, tirados en el suelo. Nadie que estuvo ahí comprendió en que momento todo se echo a perder. Cómo era de esperarse la desgracia le llegó al reportero que cubría la noticia de Marco y en nada salió disparado a buscar dóndes, cuándos, cómos y por qués. Algunos vecinos acompañaban al desdichado y su amigo Jose Luis encendió el televisor para ver que había pasado. Finalmente se fueron. Impotente, Marco Agudelo se acostó en su cama y se culpó por no haber dormido aquella noche con su guitarra en el brazo.














