( alrededores del bosque, zona de hamacas ) sinceramente, ¿qué está haciendo allí? tendría que estar buscando trabajo, no... jugando al retiro espiritual con esos millonarios, o lo que sea. aria yace en una hamaca que cruje con cada soplo de viento. lleva puestos los auriculares, aunque no suena nada; son sólo una excusa para mantener fuera el mundo. en sus manos, un rosario, aquel viejo conocido que rescató del olvido en un cajón esos días: va pasando las cuentas una a una, sin rezar, más como si contarlas fuera una forma de distracción. en el suelo, mientras, un chupetín que se le cayó hace un rato —ahora invadido por hormigas. al escuchar pasos cerca, no se gira, no pregunta quién es, sólo habla: “ un paso más y empiezo a rezar en latín, pero no con fines santos ” lanza a quien sea que esté molestándola, pero lejos está de su usual tono irónico burlón. más bien suena... cansada.












