Se queda ahí, parado, viendo cómo Aria se pone de pie con la furia apretada en los hombros y la voz llena de desprecio. No retrocede ni frunce el ceño, ni se justifica. Solo la mira, en silencio, con una intensidad tan calma que parece incomodamente fuera de lugar. Cuando ella termina, con ese “págate terapia” como golpe final, Ezra apenas parpadea. Traga saliva y baja un poco la mirada, como si estuviera eligiendo con cuidado qué parte de sí mismo mostrar esta vez. Luego, habla. Sin elevar la voz. Sin adornos. "me la pago, desde los catorce." levanta la vista de nuevo, más firme, más claro. "y no vine a confesarte nada porque necesitara tu lástima, vine porque sé lo que es estar sola rodeada de gente porque sé lo que es odiarlos a todos y preguntarte si no te estás volviendo loca por aguantar tanto. Porque si alguien sabe lo que es querer prenderle fuego a este lugar con todos dentro, soy yo." hace una pausa, el aire cargado entre los dos. No hay autocompasión en su tono ahora. Solo cansancio honesto. "no te estoy pidiendo que me perdones por existir, Aria. Ni que me creas distinto a lo que ves, yo también tengo las manos sucias, y no tengo la excusa de haber llegado aquí obligadamente. Nací dentro de esta mierda y la peor parte es que una parte de mí pensó que podía arreglarse. Que valía la pena quedarse a ver si algo cambiaba." desvía la mirada hacia el bosque, hacia el lago más allá, como si lo que dijera no fuera solo para ella, sino para sí mismo. Sus brazos siguen cruzados, pero ya no hay nada defensivo en su postura. Solo está hablando desde donde puede: desde el agotamiento, desde la grieta. "tal vez tienes razón, tal vez me equivoqué al pensar que tú y yo habíamos roto un poco esa lógica. Que podíamos vernos por lo que somos fuera del apellido y la historia, porque si tú fuiste un error, Aria... entonces no entendí nada. No de ti, al menos." da un paso atrás, suave, sin dramatismo. "no voy a insistir, no vine a rogar, ni a fingir que soy mejor de lo que soy. Solo vine porque pensé que tal vez... en medio de todo esto... alguien también podría necesitar que la escuchen sin que le pidan explicaciones." luego, gira un poco el rostro, como si ya se dispusiera a marcharse, pero añade algo más. No como ataque, sino como verdad llana, cruda, y sin adornos: "estás rezando para que se pudran y quizás se pudran, pero no te confundas, tú también estás aquí...con ellos, con nosotros. Fingiendo que no, pero aquí. Y eso también tiene un precio." entonces, sin esperarla, comienza a alejarse. No rápido. No con teatralidad. Solo como alguien que sabe cuándo no lo quieren cerca, pero que no se va con la cabeza baja.