“ vaya— a los neoyorquinos sí que les gusta el teatro, ¿eh? ” no se refería solo a la obra, sino más bien a toda la parafernalia alrededor de la fiesta. “ no me quejo, ” advirtió, expulsando el humo del cigarro en dirección opuesta. “ pero creo que tengo menos de cinco horas de sueño encima, ¿tú no? ”















