Un asno estaba en el campo
comiendo hierba tranquilamente,
cuando de pronto salió de entre
los árboles un lobo hambriento,
con muchas ganas de comérselo.
Pero el asno, que no era nada tonto,
inventó rápidamente un truco,
y comenzó a cojear y a llorar:
- ¡Ay, mi pata! ¡Ay, mi pata!
Y le dijo al lobo: - Ya se que me vas
a comer. Está muy bien, y te felicito,
porque veo que tienes buen gusto.
Pero mira: tengo una espina
tremenda clavada en la pata.
Si no quieres que se te atraviese
en la garganta cuando me comas,
te recomiendo que me la quites ahora.
El lobo le respondió: - Tienes razón.
A ver, levanta esa pata para quitarte
la espina. Y cuando el lobo le iba a
examinar una pata de atrás, el asno,
rápido como un relámpago,
le soltó una patada con todas sus
fuerzas, y escapó de ahí corriendo.
Dicen que el lobo se quedó tirado
como media hora, sobándose las
costillas y pensando:
¡Quién me lo manda!
¿Por qué me puse a hacer oficio
de médico, sí yo soy cazador?
Autor: Esopo.







