El hielo de su copa estaba a escasos segundos de dejar de ser considerado sólido. Su compañera esperaba paciente a que él abriera la boca. Le había llamado para algo, pero de momento llevaba cinco minutos viendo como aquel joven movía circularmente su vaso mientras miraba pensativo a la barra del bar. Tras el centenar de giros, detuvo su cristal, dio un buen sorbo y lo dejó sobre la barra. Señaló a la joven y le dijo:
Me van a perdonar mis queridos lectores la parrafada cursi que se les viene encima en el día de hoy. Será el otoño, será la proximidad de la Navidad o será que mi sentido del humor se ha tomado hoy el día de descanso pero me ha pegado un mordisco la melancolía y mientras paseaba a mi mascota por una calle llena de hojas en el suelo (se ve que donde vivo los barrenderos no se han inventado aún) se me ocurrió este fragmento. Como me suele pasar en el momento en que lo pienso me gusta más que al transcribirlo varios minutos después. Y bueno, sobra decir que esto va dedicado a ti, mi eterna desconocida. Espero que te guste. Con todos vosotros una cursilada ciclópea.
No sé a qué momento exacto estás esperando para surgir. Cuándo te dará por aparecer ante mí y robarme todos los pensamientos. Date cuenta de que todo en esta vida es una eterna lucha contra un vasto reloj de arena. No olvides que se nos va otro año que no sumaremos a nuestro calendario. Como todos esos árboles que han mudado su corteza sin que hayamos grabado a punta de navaja nuestras iniciales o los grandes estrenos a los que podríamos haber ido para no prestar la más mínima atención a la proyección. Se pasan de moda muchas canciones que ya no bailaremos y espero que me perdones por no haber estado contigo cuando todos los tuyos te fallaron y no quedó nadie a tu lado, yo incluido.
No sé ni cómo te llamas, ni tú sabes cómo es mi rostro aunque tenemos consciencia plena de que nos buscamos desesperadamente. Es probable que tu cabezonería te impida ir a hablarme cuando me veas por la calle. Puede que mi pereza me retenga en casa el día en que estarás en el sitio exacto en el momento adecuado. Quizá la culpa sea de ese amigo en común que tenemos, que no cae en la cuenta de que nos debería presentar.
Y así siguen transcurriendo las mañanas en las que me levanto y decido que te voy a encontrar, que vas a empezar a existir. Y espero que así sea.
Existe pronto, preciosa mía, antes de que la vida se canse de mí.