Hoy desperté después de soñarte.
Estabas con mi madre y ambas se habían teñido el cabello, lo tenías largo y además te habías peinado, traías unos tubos en la cabeza.
Yo iba despertando mientras me veías y yo solo te dije que me gustaba más tu cabello blanco, que nunca te había visto con el cabello largo. Te veías más joven, caminabas libre, como si no hubieras terminado con una cirugía de cadera. Te veías sana, fuerte, con voz firme y actitud decidida.
En el sueño había entendido que resucitaste o que nunca habías muerto, no supiste contestarme. En la casa aún estaba tu urna y con ese carácter que tenías me decías que no hiciera caso, no había pasado nada, que querías hacer muchas cosas.
Cuando desperté para irme a trabajar lo hice con una sonrisa, al tiempo recordé que ya no estabas conmigo, pero tu cabello largo y obscuro te hacía ver hermosa.