09 / 05 / 2020
48 días en cuarentena El contacto humano se reduce.“Nadie sale de casa” “Nadie se acerca” “Nadie se besa”. Cuando empezó el encierro sentí que estaba viviendo un sueño, me encanta estar en la casa, alejado de todo el mundo, alegradísimo en el mío. Antes de la pandemia mi vida giraba al rededor de no dejar que nadie me contagiara de nada al toser-estornudar-tocarme. Siempre aguanté la respiración cuando pasaba por una persona que acababa de estremecer su mundo con un eterno hhhhhachuuuuuu... Contaba hasta 10...Con lo último que me quedaba de aire soplaba para asegurar que ningún puto virus extraño de alguien se me acercara. Y si así era con el simple hecho de microbacterias, era el doble con los fluidos. Tengo la fortuna de tener cierta intolerancia a las imágenes vizarrras, no me siento tranquilo con alguien de esos gustos a mi alrededor. El caso es que me da asco todo el tema de las bacterias y cosas que me pudieran contagiar de algo. En esta época ese superpoder lo aplico estrictamente en cada pensamiento que me llega. En cada domicilio. En cada lavada de platos. En el contacto con las personas en general. Con la única que lo tolero es con ella. Nomás, pa qué más..
Pero entonces, pienso en mis papás. En esas ganas tan berracas de abrazarlos que me darán cuando los vuelva a ver, a mi hijito hermoso. En que las ganas me van a ganar, y el amor, y la nostalgia, y la rabia, y las lágrimas me van a ganar y por supuesto que los abrazaré. Y por supuesto que tendré un poco de miedo. Y cómo no. Pero cómo también tener esa estúpido debate entre el amor y el miedo. Entre “debo abrazar a mi mamá o no...” “debo besar a mi hijo o no...” Y claro, estoy seguro que no tengo nada. Llevo en mi casa toda la cuarentena. He salido 3 veces en estrictas medidas de higiene y seguridad primeramente por el asco y seguido por obvias razones. Tengo la plena seguridad de que no les haré daño. Pero uno nunca sabe. Y ahí está ese sustico que no nos deja dormir y despertar tranquilos. Y eso es con la familia, pero con los amigos, con esos que uno quiere pero mejor de lejos, con esa vecina chismosa que siempre le abrazaba a uno y ese tío que le gustaba abrazar. Dar la mano. Amistades más honestas es algo que también nos dejará la cuarentena. Relaciones interpersonales más radicales. Con ganas de desaparecer.












