Tierra fértil y buena
Lecturas del día (24-jul-2020): Jr 3, 14-17 / Sal Jr 31, 10.11-12ab.13 (R. cf. 10d) / Mt 13, 18-23.
«Lo sembrado en tierra buena, significa el que escucha la palabra y la entiende, ése da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno» (Mt 13,18)
La explicación de la parábola del sembrador en el Evangelio de hoy, me recuerda que cada vez que leo la Palabra o la escucho a través del sacerdote de mi parroquia, oro a Dios, para que la misma de fruto en mi corazón, para que la pueda poner en práctica y acoger sus mandatos.
Se que en algún momento, todos hemos pasado por las situaciones que describe Jesús en la parábola del sembrador, ciertamente hemos escuchado la Palabra de Dios, pero al no entenderla, no meditarla, al no tener una Fe educada, el enemigo fácilmente se lleva lo que Dios ha sembrado en nuestro corazón.
Otras veces ocurre que, por ejemplo, asistimos a un retiro espiritual, a un congreso religioso, a una jornada de adoración, a una catequesis con un conferencista lleno de Fe, y sentimos arder nuestro corazón, sentimos la emoción de ese primer amor, queremos evangelizar, queremos traer muchas ovejas al rebaño. No obstante cuando aparece la primera prueba, nuestro corazón se desmotiva, se pierde la esperanza, nos enojamos con Dios, dejamos de lado la Fe, e incluso envidiamos la suerte de los injustos.
Sucede también que, a veces estando en la Eucaristía o en una catequesis, no podemos concentrarnos en la Palabra del Señor, porque la preocupación y los fanes del día a día, impiden que la Palabra pueda llegar a nuestro corazón, desplazando las promesas que nos da Dios a través de su Palabra.
La invitación de Jesús hoy, es a ser esa tierra fértil y buena que da frutos en abundancia, Jesús nos pide que seamos cristianos que escuchen la Palabra de Dios y mediten en ella día y noche, porque eso mis hermanos nos hará dichosos, pero además nos permite preparamos para ser pastores según el corazón de Dios, esos que apacientan sus ovejas con inteligencia y sabiduría, promesa dada por el Señor a través del profeta Jeremías.
Nuestro Padre necesita que nos multipliquemos, que seamos fructíferos porque somos su ejército en la tierra para combatir los ataques del enemigo. Para ello, tenemos que preparar el terreno de nuestro corazón, para que en el crezca fuerte la semilla de la Fe, la Palabra de Dios debe ser una raíz constituida con perseverancia, disciplina, y disposición, porque las emociones pasajeras desaparecen ante la primera dificultad.
Por: Andrea Lasso Guerra – Pastoral Provida Parroquia Inmaculado Corazón de María, Barranquilla – Colombia.
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