En este artículo termino de exponer cómo he percibido cada uno de los símbolos de Reiki, dejando de lado lo que había aprendido hasta el momento y limitándome a sentir cada uno de ellos durante mis meditaciones y tratamientos.
El símbolo que me queda por tratar es el Daikomo, cuarto símbolo o símbolo de la maestría o del maestro. Resaltar que en alguna ocasión é leido referencias a que en Japón se dice a los aprendices que no den tratamientos a terceros en cuanto no han recibido este símbolo. Por mi experiencia esto puede tener mucho sentido, como vamos a ver ahora mismo.
En los artículos anteriores vimos como el Chokurei y el Seiheki nos ayudan a hacer accesibles los recursos para que se produzca la sanación, mientras que el Honshazeshonen nos ayuda llevar nuestra consciencia a un plano más onírico o simbólico, desde el que podemos actuar obviando determinadas limitaciones o barreras. En mi experiencia el Daikomio está muy relacionado con este último signo.
Cuando practicamos Reiki de forma terapéutica, muchas de las cosas que “suceden” no tienen un reflejo en el cuerpo de la persona objeto de la sesión ni del practicante de Reiki. Básicamente, durante la sesión de Reiki no sucede “nada”. El practicante a penas sí se mueve y el “paciente” desempeña un papel completamente pasivo. En realidad, las cosas que están aconteciendo se suceden mayormente en este plano onírico del que hablábamos antes.
El Daikomio complementa este escenario haciendo que, de alguna manera, todo lo que ha sucedido en este mundo en que las cosas existen a nivel simbólico, se integre de inmediato en los planos más físicos.
Me veo incapaz de explicar cómo sucede esto, y me resulta difícil transmitir la experiencia. Visto desde el plano onírico, el Daikomio "deja caer” sobre el receptor de la sesión todo lo que ha estado sucediendo a nivel intangible.
Intentaré explicar la diferencia entre usar o no usar este signo. De algún modo, una sesión con el primero, segundo y tercer signo son algo así como hablar al subconsciente explicándole cómo poner en marcha los mecanismos de la curación y en qué consiste la misma, pero todo explicado sobre una pizarra que el subconsciente observa. Dejamos a este subconsciente el trabajo de interpretar todas estas instrucciones y ejecutarlas de la forma adecuada. En el momento en que introducimos este cuarto símbolo, de algún modo estamos elevando estas instrucciones de la pizarra a la categoría de hechos. No sólo exponiendo el proceso, sino iniciando su desarrollo en los planos inconscientes. En cierto modo, el cuarto símbolo es el que desencadena el tratamiento global.
Esta señal de inicio inducida por el Daikomio puede requerir de una movilización importante de recursos en planos más físicos de la persona, por lo que es frecuente sentir la necesidad de recurrir al primer símbolo en este momento, ayudando a que estos recursos de movilicen de forma fluida. Es posible que de aquí venga la costumbre extendida de emplear el Chokurei para “cerrar” los tratamientos.
No quiero terminar sin aclarar que la ausencia del cuarto símbolo no implica que el tratamiento no tenga efecto. Simplemente su acción acontece a un nivel más abstracto y sus efectos serán, probablemente, menos patentes o se hagan sentir de forma más diferida. Aunque en última instancia todo dependerá de quién reciba la sesión, no olvidemos que en el Reiki es la propia persona la que se cura, sirviendo el practicante únicamente como catalizador de esta sanación.
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