El gran salto
Para todos los viajeros que andamos recorriendo América, el paso más difícil es cruzar de Panamá a Colombia o viceversa. Es que si bien nuestro continente esta unido, con la ruta panamericana que lo atraviesa, existen unos 70km aproximadamente de esta carretera que son “intransitables”. A eso se lo conoce como el tapón de Darién, y no es ni mas ni menos que la decisión política de Panamá de haber cerrado la frontera terrestre a Colombia para evitar el contacto con las FARC (la guerrilla de Colombia) que opera en esa zona de selva, además de evitar un canal mas de ingreso de droga, o al menos esas son las explicaciones que nos dieron por ahí. Así hace ya muchos años, no existe un paso fronterizo entre estos dos países. Y como el límite es selva y la han dejado virgen, resulta muy peligroso intentar atravesarla. Por todo esto la única manera de cruzar es por cielo o mar, la primera descartada si estas con un vehiculo.
Cuando empezamos el viaje, nos enteramos de todo esto, y nos informamos sobre las opciones para cruzar. Todas implicaban separarnos de la bondiola. Mandarla en un contenedor o barco de carga, cruzar nosotros por nuestra cuenta y después hacer todos los trámites aduaneros para retirarla en Colombia. Esto era muuuy caro y engorroso. Cada vez que nos preguntaban como íbamos a hacer para cruzar siempre respondíamos que lo íbamos a ver más cerca de Panamá, que de alguna manera lo íbamos a lograr.
Felizmente, hace unos meses nos enteramos que había un nuevo ferry que viajaba de Panamá a Colombia llevando todo tipo de vehículos. Es decir que uno se podía subir manejando y bajar de la misma forma, y para mejor el precio era menos de la mitad de lo que salía con contenedor, un golazo! Así fue que sin demasiado esfuerzo se resolvía el paso más difícil del viaje!
Pero como no podía ser tan perfecto, estando en Argentina nos enteramos que lo iban a descontinuar porque no era rentable, así que nos tuvimos que quedar con ganas de conocer más de Panamá y apurarnos para llegar a cruzar en el bendito ferry. Además a ultimo momento nos dijeron que ya no cruzaban mascotas y de insistir logramos que si la lleven a Chanchi pero lo que iban a ser 35usd terminaron siendo 300usd, un afano pero no íbamos a dejar a la gorda en Panamá! Como nos daba miedo que surja algún imprevisto decidimos viajar en el anteúltimo. Así que a una semana de la llegada de Leo a Panamá teníamos que estar abordando el barco en Colon, el puerto de Panamá, a unas 2 horas de la ciudad.
Aprovechamos los últimos días para conocer Portobelo y sus alrededores, una zona en la costa del caribe cerca de Colon. Ahí nos encontramos con Luis y su familia que viajaban en una casa rodante enorme!! Estuvimos 3 días con ellos de vecinos compartiendo mates, Quilmes y muchas charlas. Conocimos el fuerte de Portobelo y el fin de semana fuimos a pasear y vender a Playa Langosta e Isla Grande. Dos lugares muy bonitos que los fines de semana se llenan de turistas de la ciudad.
Y así llegamos al gran día del cruce, que venia acompañado de la nostalgia de dejar Centroamérica. De las inquietudes de como seria todo del otro lado y de la sensación de que íbamos a estar mas cerca de Argentina. La distancia no cambia mucho, pero se siente mas cerca…
En el puerto de Colon nos encontramos con una banda de casas rodantes, nunca habíamos visto tantas juntas! Habían combis súper hippies, algunas casas armadas por sus dueños y otras muy grandes y modernas. Evidentemente no éramos los únicos viajeros aprovechando lo que quedaba del ferry. Habían unos cuantos argentinos como siempre, familias y jubilados europeos, una pareja de canadienses, otra de Oceanía y unos chilenos que venían desde Alaska en una camioneta que funciona a biodiesel (recolectan el aceite de papas fritas o cualquier fritura, lo filtran y lo usan de combustible). Y entre papeleo de aduanas y otros tramites, fuimos conociéndonos entre todos y compartiendo experiencias y recomendaciones.
El barco se veía enorme, y cuando subimos además de grande se veía lujoso. Tenía camarotes, restaurante, deck, discoteca y otros servicios que no pudimos disfrutar porque ya los habían cancelado como el casino, cine y show nocturno.
Para Chanchi habían unos caniles en la cubierta pero como nada se veía muy estricto, la tripulación era italiana y se veían bien relajados, la dejamos suelta con nosotros. A la hora de dormir la metimos en su jaulita y por suerte se quedo muy tranqui durmiendo, se porto súper bien! En la noche se junto una banda en el deck a tomar unos tragos mientras charlábamos de un montón de cosas. El viaje eran unas 18 horas, casi todos habíamos pagado por butaca así que no pudimos dormir hasta muy tarde. Por la mañana salieron unos mates y partiditos de chinchon en cubierta y en la tarde finalmente anclamos en Cartagena!
A nosotros nos toco esperar rato largo en el barco a que vinieran los de sanidad y autorizaran a que baje Chanchi, después de verificar los papeles. Después seguimos con los trámites de migraciones y de la camioneta. Y cuando ya creíamos que nos íbamos todos del puerto surgió un problema, la empresa que nos tenía que traer el seguro obligatorio tuvo un inconveniente con la información y no podía hacerlos hasta el día siguiente. Así que decidimos dormir todas las camionetas en el puerto juntas hasta solucionar el tema del seguro. Armamos una especie de campamento con carpas y todo en la entrada al puerto, bastante bizarro! Salieron algunas ollas populares y rondas de ron, cerveza y te de mullein.
Al otro día, después de varias idas y vueltas, conseguimos los seguros y pudimos dejar el puerto. Nos fuimos todos al laguito, abajo del hotel Hilton, que es el punto donde siempre paran las casas rodantes. Donde además de los que llegamos estaban los que esperaban cruzar la semana siguiente para Panamá.
Disfrutamos ahí una comidita todos juntos con una cerveza y festejamos el haber pegado el salto!













