El olor de la comida inundó prácticamente toda la cocina, colándose por el pasillo y escapando por las ventanas. Había pasado casi una hora y media haciendo de comer, e irónicamente solo había comida para dos personas. Una claramente para el rubio, la otra para el primero que entrase en la cocina. Para su suerte, una chica. Y no porque fuese una, sino porque había entrado alguien.
“ La señorita que ha entrado, quieta ahí. “ Alzó la voz sin apartar la mirada de los platos, decorando los mismos con porciones y bonitos detalles. “ Espero que tengas hambre, aquí hay un plato de sobra y sería una hora tirada a la basura si nadie lo come. “ Alzó la mirada, finalmente, colocando una sonrisa. “ ¿Quieres hacerme compañía? “
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