Al final, había bebido. Una copa. No había sido demasiado. La única copa que se toma a lo largo del año. Y había sido el error de su vida. Se había comenzado a sentir mal rápidamente, quizá porque no estaba acostumbrada a bebidas así y había decidido al cabo de un rato que lo mejor era retirarse hacia su habitación. No quería preocuparse por aquellos síntomas, pero sabía que necesitaba reposo. No obstante, un par de personas la entretuvieron en su intento de salir de la fiesta y la cosa comenzó a empeorar. Y a empeorar. A medida que pasaba el tiempo, se encontraba peor, hasta que llegó un límite. Se hizo paso entra aquellas dos personas y salió de la fiesta.
Se apoyó sobre la pared y recostó su cabeza en ella, hasta que unos segundos después, todo lo que había a su alrededor desapareció.
Estaba en el hospital. Corría. Corría lo más rápido que había corrido en su vida. Estaba aterrorizada desde la llamada de su compañera. Sentía una presión en el pecho imposible de explicar, que se enredaba más y más junto a sus pensamientos. Philippe. Las lágrimas se atropellaban en sus ojos mientras sentía que solo quería gritar a todo el mundo que se apartase de su camino. La noche anterior todo iba bien. Habían visto una película juntos, habían hablado durante horas en la cama y él no había parado de mencionar lo feliz que estaba por haberla conocido. No había querido creer que aquella conversación parecía una despedida. Ha cruzado puertas, muchas puertas. Reconoce aquella zona del hospital, es su zona, la zona dónde debería de estar ella, no Philippe. Los quirófanos. Debería de estar ahí con él. Le prometió que estaría ahí. Cruza más puertas y alguien la sujeta con todas sus fuerzas. Dice algo, pero ella no lo escucha, parece que le pide que no entre, pero detrás de esa puerta está Philippe, lo sabe. Sentía que le faltaba el aire, que no podía respirar. La mujer hace todo lo posible para mantenerla allí, pero no lo consigue, Ishara la aparta con una fuerza que nunca había creído tener y cruza las puertas.
Y lo ve. Tendido sobre la mesa. Lo estaban cerrando pero los monitores estaban apagados. Apagados. Alguien la sujeta, pero ella ya está en el suelo, desgarrando su garganta con un llanto que no cree capaz de cesar nunca. Con una herida, que no cree que vaya a dejar de sangrar en la vida. Quería morirse. En ese instante, quería morirse con tal de dejar de sentir aquel demoledor dolor.
Estaba temblando en el pasillo de aquel hotel. Temblando y llorando, con las manos recogidas en el pecho, apretando intentando apaciguar todo el daño que sentía en el pecho. Vio a Victor, delante suya. No sabía si estaba allí de verdad o era una conexión, pero de todas maneras se tiró a sus brazos, llorando, cómo si él pudiese hacer algo para apartar aquel recuerdo.