La culpabilidad lo reconcomía desde dentro. Desde conocer la existencia de Elena, su conexión con el susurrador y lo que había hecho (o más o menos, porque no había recibido una extensa información dada la circunstancia), había evitado a toda costa entrar a ver a su hermana. Por lo que él pudiera leer, por lo que él pudiera usar. En todo este tiempo no había pensado que supondría tal problema, que el canal seguía abierto con el susurrador a pesar de estar lejos de su confinamiento…
Lo más cerca que se permitía estar era tras la puerta cerrada, recostada contra ésta, fingiendo sentir la presencia de Erin tras ésta. Porque aunque se engañaba a sí mismo, hacía tiempo que había dejado de sentir ese vínculo con su gemela. Los minutos podían pasar, las horas y los días; pero el peso del tiempo lo marcaba aquella distancia hacia el vacío dónde caía al saber que no tenía modo de recuperarla. Si esa chica, Elena, seguía siendo una marioneta….
Los pensamientos empezaron a difuminarse entre fragmentos de conversación, viéndose obligado a acudir a una llamada que en ese instante le desbordaba. Callado recibió claramente la voz de Ishara (las otras habían sido un eco que no había acabado de entender). La cabeza empezó a llenarse de una información para la que no había hecho lugar, aturullando. ¿Cuatro muertes…? -¿Asesinado como? Preguntó en confusión sin entender nada en primer lugar. Pero incluso en ese estado, la potente frase de querer hablar con él cayó como un jarro de agua fría, provocando su cuerpo tensarse. Quizás porque ya imaginaba qué era lo que iban a decir a continuación.
Miró a Victor un segundo, recordando la promesa que le había hecho de hablar con él. Pospuesta un poco… Pero llegaba el momento de cobrarla al parecer. Desvió la mirada, a ninguno de ellos, sino a sus manos temblorosas que buscaron en el bolsillo de su pantalón el cigarrillo y el mechero. -Y apuesto a que esto no me va a gustar.
Sabía que Victor tenía razón, Guðjón merecía saberlo desde el momento en que regresó a ellos. Era lo correcto y lo correcto como bien había dicho Ishara, podía doler. Era un acto egoísta por parte de Roman haber querido posponerlo, tal vez, tal vez simplemente no había querido lidiar una vez más con el dolor que le causaba recordarlo. Se trataba de la familia que alguna vez había tenido, sin embargo la verdad siempre prevalecía, tenía que hacerse presente, era mejor que lo hicieran los tres. A final de cuentas, todos habían tomado su primera respiración juntos.
Su rostro apareció, algo de esperarse ya que los tres tenían en mente su nombre. Agradeció a Ishara por empezar a decirlo, ya que él no se sentía capaz. Respiró con profundidad, dio una calada más al cigarrillo que le acompañaba, una larga, la suficiente para que Guðjón pudiese hablar. —Los han intervenido en su cumpleaños, sus hombres los tenían, los mataron.— Trató de aclarar. Las palabras eran complicadas, si no elegías las adecuadas podía terminar mal, podía causar más daño del que ya era necesario. Trató de buscar apoyo en la mirada de Victor y de Ishara, estaban juntos, seguían juntos y lo que viniese lo afrontarían los cuatro. Era lo correcto, se recordaba una vez más. Era lo correcto.
—Muchos sucesos ocurrieron después de que desapareciste.— No le iba a gustar, estaba seguro.. —No medimos el peligro, no sabíamos que sucedería y Whispers actuó.— Suspiró. Quizá debía dar más detalles, pero cada minuto que pasaba parecía no terminar, no quería dar más vueltas. Tenía que decirlo ahora. —Jane, Carlos, Thien.— No quería decirlo. Se aclaró la garganta, la sentía seca, como si no tuviese más aire. No sabía si las palabras serían suficientes, así que por medio de la conexión, compartió el recuerdo final de ellos. Su última respiración, el momento de su muerte y después nada más. —No sobrevivieron.— Soltó. No era la manera adecuada, pero ya lo había dicho. No quería ocultarlo más. —Creímos que tú… que tú habías muerto también cuando desapareciste.— Pues eso había supuesto al no poder conectar en todos estos años. —Lo lamento, Guðjón.— Su voz era un susurro. No había querido volver a vivirlo, pero podría hablar mejor que cualquier palabra.
Victor sabía que iba a doler, no necesitaba imaginarse que dolería, porque la realidad era que ya dolía, de solo pensar decírselo a Guðjón, de revivir algo que había querido enterrar, además que los terribles recuerdos estaban presentes, como una pesadilla que se hubiera revivido, a consecuencia de lo ocurrido con aquellos jóvenes que habían recibido un golpe tan cruel. La presencia de Ishara había llegado con esa advertencia; con la advertencia del dolor, aunque el músico quería más bien concentrarse en el de Guðjón que en el propio… Estaban los tres juntos, lo estaban e Ishara comenzó a hablar, dando el anuncio, un anuncio que de estar en la posición de Guðjón, a Victor le hubiera aterrado, la mano de Ishara se posó en su hombro, y Victor le dio un suave golpe a modo de apoyo, mientras tomaba aire aguardando.
Porque ahora se encontraban los cuatro, porque Guðjón había llegado a unirse, recibiendo esas palabras que no debían augurar nada bueno para él, y al parecer éste lo sabía, Victor notó la mirada del islandés sobre él, y hubiera querido expresar algo más, pero se limitó a resguardarse en el silencio, con expresión seria y también de disculpa, sintiendo casi como sus propias manos temblaran…
Como si de una terrible puesta en escena se tratara, Roman comenzó a hablar; explicando primero lo que había visto, lo que había ocurrido con aquellos jóvenes, respondiendo la duda de Guðjón, aún Victor sentía que el pecho se le oprimía de recordar, y de la impotencia de no haber podido advertir ¿qué no eran los más grandes? ¿no deberían poder ayudarlos?, pero no era momento que se perdiera en aquella amargura, sobre todo cuando había otras dolencias que estaban más vivas que nunca. En silencio, resguardado en él aún, Victor escuchó cada palabra dicha por Roman, palabras que resumían lo que habían vivido en la ausencia de Guðjón, pero que daban una noticia (o confirmaban algo) terrible, así que sentía el pulso acelerado y la culpa más que presente, ya que estaban dándole una noticia a Guðjón que debieron hacer antes, que no debieron posponer…
Victor le dio un suave apretón a Ishara en la mano y retiró su mano no sin antes ver tanto a Roman como Ishara y romper la distancia con Guðjón, acercándose a éste para posar su mano en el hombro ajeno, que si bien, Victor no era el mejor con el contacto físico le había nacido hacerlo de esa forma –Lo siento mucho, Guðjón- expresó –Debimos decírtelo antes, lo que ocurrió… - pero no había sido sencillo y él había pensado que lo correcto era que lo hubieran dicho juntos –Hemos recibido golpe, tras golpe doloroso en los últimos años… tu regreso fue una sorpresa que agradecemos- y no creía que solo hablara por él –Pero lamento mucho no haberte dicho antes lo que pasó… la ausencia de ustedes no fue algo sencillo y sé jamás se justificara el silencio pero temía decirte lo ocurrido, porque sé el sufrimiento, porque aún duele, aún tortura - y ahora estaban dándole la noticia a él –Lo siento mucho, Guðjón- volvió a decir sintiendo que en realidad las palabras le fallaban.
No había más salida que aquella. No había más posibilidades. De alguna manera u otra, todos habían sido cómplices de ese secreto a voces. Todos habían callado algo que Guðjón merecía saber pero que ellos no eran capaces de decir y por ello, ahora en silencio, mirando a su hermano, aceptaría que este se enfadase si así era como decidía reaccionar. Se quedó en silencio, escuchando a Roman, tragando saliva e incluso sintiendo por su parte y por la de Guðjón, una extraña necesidad por coger un cigarrillo. El estrés, los nervios, una situación extrema. Decir a un desconocido que un familiar suyo había muerto no era lo mismo que decírselo a tu propio hermano.
Dejó que Victor se acercase a él y no queriendo seguirle por no agobiar a Guðjón, ella misma se acercó a Roman, al que imaginaba que tampoco se le había quedado buen cuerpo al tener que dar la noticia. Puso una mano en su hombro y aún sin mirarle, sino mirando a sus otros dos hermanos, dio un ligero apretón. —Podríamos decirte una y otra vez que lamentamos haberte pospuesto esta noticia, haberte mantenido en el desconocimiento, y no te estaríamos mintiendo. Porque de verdad que lo sentimos.— Sentía el dolor calvado dentro, como una espina que estaba envenenando todo a su alrededor. Aquello no era recordar la muerte de sus hermanos como quien ve, por suerte y de la nada, una fotografía de ellos, no. Aquello era recordarlo de una manera macabra, e incluso más que recordarlo, estaba reviviéndolo. Él y todos. —Estoy segurísima de que a ellos les hubiese hecho muchísima ilusión saber que estás aquí.— Tragó saliva, porque de alguna manera, entre tanta pérdida y tanto dolor, la vuelta de Guðjón no había dejado de ser un rayo de luz a sus vidas, un poco de esperanza. —Te querían y les dolió tanto como a nosotros tu desaparición, porque fue como perderte. No creíamos que volveríamos a verte...— Y al final, a quienes no volverían a ver serían a ellos. —Lo lamento de verdad, no solo las condiciones en las que te enteras, sino la perdida.— No apartaba la vista de él, por mucho que sus instintos te estuviese pidiendo que agachase la cabeza, que se sujetase la mano que temblaba en el aire... mantuvo el tipo todo lo que pudo. No podía decir mucho más que que lo sentía, porque de entre todas las cosas que podría decir, aquella era la más verdadera.