Título: El amor es eso Autor: Régis Jauffret Editorial: Dedalus Editores Soporte: Físico Resumen: Historias de amor reales, de ese amor doloroso que saca lo peor de uno porque es incontrolable y es eso.
Feria de editoriales independientes, esa que se hizo por palermo casi colegiales cerca de ideas del sur el año pasado. Había una cantidad ridícula de gente para ser un lugar tan chiquitito y sufrí un poco encontrar libros.
Me paré en el stand de Dedalus porque el anterior que les había comprado en la feria me había copado mucho. (Historias de Extasis). Tuve una amistosa charla con el muchacho de barba que estaba en el stand y previo a decirle “ya leí este cual me recomendás?” me dijo “llévate este que es un 10”. Y confié, porque confiando se llega lejos. (?)
El muchacho de barba tuvo razón. Me gustó mucho más que el otro y eso que el otro me había gustado. Me remitió un poco al sentimiento que tuve al leer Bebé de Paula Bomer *también highly recomended* porque la miseria real es encantadora también, no nos olvidemos. Durante todo el libro sentí que pasaba de monólogo en monólogo. Era como hacer zapping pero en vez de cambiar de serie pasaba de un pedacito de vida de personas completamente distintas a otra. Muy cope.
Está escrito de una manera impecable y las historias te pegan de manera tan contundente que me parece increíble que el autor haya podido lograr eso en cuentos de carilla y media en promedio. Amo cuento hacen eso, btw. Para que se den una idea de lo cortos que son: hizo entrar 38 cuentos en 93 páginas. No tienen desperdicio y se lee de un tirón de lo bueno que está.
Mis cuentos favoritos: Bebé nuevo El amor es eso Escotado Jóvenes un poco tímidos Ortigas en las ruinas Visitantes un poco groseros Nena atolondrada Los cimientos de wallet
Transcribo el primer cuento que me parece su-bli-me
“Bebe nuevo
Uno puede amar durante mucho tiempo a una mujer que ya no quiere estar con uno, y porque uno todavía la ama, casarse con su hija. Aquella mujer había sido mi tutora en la universidad y teníamos amoríos clandestinos. Me dejó al cabo de algunos meses por un estudiante de licenciatura. Hoy sé que yo sólo era un juguete sexual para ella, un pene joven enclavijado a un cuerpo de adulto cuya piel había conservado como reflejos de adolescencia.
Su hija siempre ignoró nuestras relaciones, pero revolviendo una vez la cartera de la madre encontré una foto de ella jugando al tenis. Después de la separación, una rápida pesquisa me permitió descubrir el club del que era socia. Tres semanas más tarde, lograba llevarla a la cama. Antes de cada relación sexual, agujereaba el preservativo con una aguja. Logré convencerla de que no abortara, y de que se casara conmigo por imaginarias razones de orden moral.
Desde entonces, cada vez que la siento a punto de escaparse, da a luz al año siguiente a un bebé nuevo cuyos tres o cuatro kilos le impiden huir, como un grillete. Todavía no somos una familia numerosa, nuestros cuatro hijos hacen de nosotros una pareja tan solo meritoria. Para darle ánimo, antes de cada nacimiento le regalo una joya. Se la deja sin estrenar a la enfermeras.
-Te amo. -Sé que no.
Se niega a dejarme entrar a la sala de parto. Espera la entrega con su madre enfrente de la máquina de café. Se volvió triste, y me odia. Por su inteligencia, su perseverancia natural, entendió desde el principio que mi amor era una maniobra para obligarla a que formara parte de mi vida. Trata de no mirarme a los ojos, de no besarme en la mejilla. Pero en las reuniones familiares me gusta escucharla hablar, aunque es lo suficientemente hábil para no dirigirme a mí directamente ni una sola palabra. Y además, me lavo las manos en su baño, entre sus productos de maquillaje, sus frascos de perfume. La respiro.
-Te amo.
Ella no responde. Hace como que sigue tomando el vasito de café. Mira el estacionamiento a través del vidrio. La escucho sollozar suavemente, mientras su hija sigue pujando jadeante a mi prole”,












