Título: Bajo este sol tremendo Autor: Carlos Busqued Editorial: Anagrama Soporte: Digital Resumen: Javier (aka Cetarti) Duarte y Danielito forjan una cierta camaradería delictiva gracias a una serie de eventos medio desafortunados que de azarosos tienen poco y nada.
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Veo pasar de tanto en tanto esos retuits de Busqued y siempre me pareció fascinante la oda a este chabón que veo en mi tl. No sé si por falta de contexto o por mera proyección lo catalogué en un levrero un poco más politizado pero no.
Lo bajé en uno de mia tantos episódios maníacos de descarga de libros de la biblio secreta.
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El libro, en cuanto a temática, no me gustó por cómo me hacía sentir. Lo que retrata de la gente es justamente eso que me hace perder un poco la fe en la humanidad. Más que por las atrocidades en sí, por la falta de culpa frente a ellas. Todo era cruento, violento, sucio, desagradable, medio esquizo y miserable.
De todas maneras, no solo se dejó leer por lo bien narrado que está, sino que lo leí en tres sentadas seguidas.
Siento que es una temática muy “chabón”, que interpela a ciertas masculinidades porque toca situaciones a las que los hombres suelen estar más expuestos que las mujeres en sus vidas. Hay algo de familiaridad en escenas del tipo: “esto me pasó una vez que mi primo me mostró…”, “el hermano mayor de mi mejor amigo nos dijo…” y etc.
Más allá de esto —que me hace saber que no soy el público ideal—ya a esta altura creo que puedo reconocer buena narrativa cuando la leo. Creo que en otro momento de mi vida lo hubiera abandonado en el primer tercio, pero estoy con ánimos raros y me sirvió para explorar algo denso que quiero escribir en algún momento.
Busqued no era para la Jula pre 2020, sin dudas.
Dicho esto, y sin quedarme en el registro reduccionista de “me hizo sentir cosas feas y no puedo salir de ahí”, también digo:
Más allá de que hay más malos que buenos —o, si se quiere, parecen ser todos malos en esta historia— hay distintos niveles de maldad, de vicio y de condena. Si bien los personajes hacen cosas horribles, hay un cierto dejo de asombro o de pena por lo que deben hacer o mejor dicho la naturalidad de las cosas hace que parezcan estar desensibilizados. A veces parecen más amables, o sentir más compasión, por los animales que por las personas.
Podría decirse que la crudeza a la que han tenido que enfrentarse en sus vidas los hizo así. Se lee entre líneas una condena social en los pagos del interior del país que parece decir: “estas realidades no son para los débiles” y “el frágil acá es papilla para los que aguantan”.
Termina retratando una supervivencia primitiva de la supuesta humanidad que tenemos. Sabemos que el NOA, las sierras y esas zonas más hostiles del interior no perdonan, y al parecer parte de sus habitantes tampoco.
Ese subtono atraviesa toda la historia y la vuelve algo entre gore e hipnótica. Es, en parte, una arista de la naturaleza humana que no podemos negar.
Me gusta que el libro no traiga moralina ni crítica explícita al respecto. Solo dice: esto también sucede aquí. Esto también somos nosotros.
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No recopilé pasajes dignos más como es mi costumbre preferida dejo un extracto donde aparece el título de la obra y también un guiño al arte de tapa.
“–Pobrecito, todos estos años bajo este sol tremendo.
Cavó con aprensión. La tierra era blanda pero no tenía ningún impulso de apurar los movimientos. Estaba empapado de sudor. Alrededor del cementerio había una isla de descampado y cien metros después el monte cerrado. Recordó el documental sobre los elefantes del Mal Bazaar. Se imaginó uno de esos elefantes saliendo de la selva. Imaginó que los encaraba. Un cuerpo complejo y poderoso que hacía vibrar la tierra a cada paso. Pero el elefante no lo atacaría, pensó. Se acercaría a ellos con calma y cierta curiosidad. Se quedaría al lado de ellos tocándolos suavemente con la trompa. Y después caería al piso. O se desvanecería en el aire. O cualquier otra cosa. Pero no les haría daño. <Casi todos los mahuts son alcohólicos>, recordó. Qué bueno ser alcohólico, pensó, qué bueno ser asesinado por un elefante. Cualquier otra cosa”.








