Berlin Mädchen
El Berghain
El Berghain, donde miles de cuerpos se movían y explotaban en eufóricas danzas. Miles de comunidades representadas y una armonía sinigual en el night-club más famoso de Alemania. Los travestis iluminaban la fiesta, los chicos sin camisas exponían sus habilidades, el alcohol bañaba a los enamorados besándose y las luces iluminaban a una que otra celebridad que visitaba Berlín. “¡Qué vida la mía!” pensé después de disfrutar de una pastillita que mi amiga Nadine me dio. El aire olía a sudor, éxtasis colectivo y amor. El Berghain era el lugar para estar en ese momento exacto de la vida de la humanidad en el universo.
Mientras esperaba entre la multitud con unas amigas al amor de mi vida, presentí que algo andaba mal. Entre el viaje que estaba teniendo en mi cabeza y el fuego enardecido que sentía gracias al alcohol en mi esófago y garganta, sentí una mala vibra que me hizo perder la atención en lo que las luces del techo me hacían sentir. Julia ya debería de haber llegado, pero tuvo que terminar algo tarde en la universidad. Agradecí mucho que ella no hubiera llegado después de ver que el DJ estaba esparcido encima de la tornamesa. Nunca había escuchado el sonido de las balas sino fuese en una película. La música se desvaneció y la muchedumbre gritaba y empujaba, pero yo solo oía los fuertes ruidos provenientes de un arma. Mientras todos corrían, yo subida en una mesa, pude ver al encargado de que la noche se convirtiera en tragedia.
Yo supe que este era el fin de una vida que me llevó a tantas partes, a tantas experiencias y a tantas sensaciones, que era muy buena para ser verdad. Tal vez era el éxtasis que me había dado Nadine, o tal vez era el alcohol, pero sentí que era mi momento de irme. Luego pensé en Julia y mis ojos se abrieron con fuerza y rapidez. Antes de que pudiera decidir que quería seguir viviendo por ella, el hombre que trajo miedo y muerte, desató el infierno dentro del Berghain y se cubrió de llamas, junto con un sonido ensordecedor.
Narración deductiva
El centro de Lichtenberg
“¡Julia!” Cada vez que Shana decía mi nombre no podía evitar crujir adentro de mí. Sus besos me absorbían y su amor me daba vida. No podía evitar pensar en Nadia, pero las caricias de Shana no me dejaban preocuparme. Empezamos a beber avanzada la noche y sus ojos me embriagaban más que el alcohol en mi copa. Liebe machen, me dije a mí misma, “esto es puro amor”. Y todo esa noche escaló muy bien hasta que no pude sacarme a Nadia de la cabeza.
Lo que le dije era cierto, tenía que terminar un trabajo de la universidad. Pero no le dije que mi pareja de trabajo era la chica con la que me había estado viendo a sus espaldas desde el inicio del semestre. “¡Julia!” me llamó Shana a la cama. Fui a acostarme al lado de una chica perfecta y otra vez el pensamiento de Nadia en la cabeza. Yo dejándola plantada en el Berghain, era mi manera de decirle que ya estaba aburrida de nuestra relación. Era algo muy monótono y a pesar de que me encontraba en el centro de Lichtenberg a unas cuadras del Berghain, no quería hacer el esfuerzo de ir a una fiesta en donde no estuviera Shana.
Me reposé mi cabeza al lado de la de Shana, la vi profundamente a los ojos y luego traté de no pensar en nada, solo en ese momento. Era perfecto, estaba enamorada y esta vez estaba segura. Cerré mis ojos y me sumí en un sueño profundo con una sonrisa en mi alma.
Narración inductiva
La otra Mädchen
Vi el reloj y marcaba las once y media de la noche. Hasta entonces Julia y yo habíamos tenido una noche increíble. Nos embriagamos juntas y disfrutamos de la intimidad que solo el amor puede ofrecer. A pesar de que nos quedamos en mi apartamento, no fue una noche aburrida, al contrario, nos reímos mucho. Yo estaba consciente de la situación desde el principio de nuestra relación, incluso me describía a mí misma como das andere Mädchen (la otra chica). Pero yo no podía evitar pensar que si nos queríamos tanto entonces lo que yo estaba haciendo con Julia no era algo malo.
Eran pasadas de las doce cuando Julia se acostó a la par mía y dormimos juntas por primera vez, fui feliz verdaderamente. Pero mi sueño no fue algo muy placentero. Solo había visto a Nadia algunas veces en algunas fotos, pero pude, de alguna manera, soñar con sus gestos, su voz y sus movimientos como si la conociera. Cerré mis ojos y mis parpados empezaron a temblar. En mi sueño, Nadia festejaba sola con sus amigas esperando a Julia en el Berghain. Julia estaba desordenando mi apartamento conmigo y Nadia simplemente bailaba encima de una mesa con la esperanza de ver a su amada esa noche. Luego algo salió mal y la gente empezó a correr. Yo sentía el pánico que Nadia sentía. Luego sentía miedo en su máxima expresión y un calor intenso cubriendo todo mi cuerpo.
Me desperté de golpe y vi que Julia no estaba en la cama. Eran las ocho de la mañana. Oí una voz viniendo de la sala. Cuando la seguí pude observar que la voz venía del televisor, donde mostraban imágenes del Berghain en llamas y los bomberos tratando de apagar el fuego. Julia se encontraba en el suelo con lágrimas en sus ojos y su celular en la mano, vencido tocando el suelo luego de hacer llamadas desesperadas.
Narración cronológica












