Dejarme ser
A cada rato me repetía que me tenía que dejar ser, pero al mismo tiempo me lo estaba negando también. ¿Por qué? ¿Por qué pasa esa contradicción constante? Y es que sigo intentando luchar, sigo intentando esforzarme, sigo insistiendo en tratar de hacer las cosas bien, en que sea como tiene que ser, en buscar “arreglar las cosas” y parte de dejarme ser es no hacer nada, no esforzarme por cambiar las cosas, no luchar en contra de la corriente, sino dejarme llevar o hacer lo que me plazca aunque sea fuera del agua. Parte de ser quien soy, es no hacer nada. Ser quién soy no es intentar hacer las cosas bien, no es intentar arreglarme, dejarme ser es literalmente no hacer nada.
Porque uno es uno mismo con solo serlo, si hay esfuerzo es porque no se está siendo uno. No sé si se entiende, pero no importa, sólo sé que al fin lo comprendí y ya no espero lograr ser yo, porque no es una meta que tengo que alcanzar, no es un lugar al que tengo que ir. No tengo que abrir las puertas, no tengo que prender las luces, no tengo que hacer absolutamente nada. Voy a ser yo sin necesidad de esforzarme, porque cuando uno no va contra corriente, porque cuando uno no pone un esfuerzo ni un objetivo en concreto, está dejando que las cosas sigan su curso, está dejando que las cosas sigan con su naturaleza y no hay más uno mismo que el no hacer absolutamente nada, seguir los meros instintos, no pensarlos, no esforzarse, no nada. Los impulsos del ser nos llevan a ser, nada más.














