ADULTA EDAD
Hace tanto que no miro una flor, que no la toco, que me parecen de leyenda los jardines floridos que visité en mi juventud. Cierto es que no soy aún un viejo en la montaña y que no han podido canalizar mis ímpetus las oficinas burocráticas, pero ya no es lo mismo andar a salto de mata ni cazar besos desperdigados por el atrio, a la salida de las muchachas.









