Un repentino espasmo y abro los ojos...
Nuevamente despierto de forma súbita con el corazón en mi garganta, late tan fuerte que siento que reventará en cualquier momento, el silencio y la oscuridad me abrazan, la desesperación habitual ya no es de extrañar sino que pasa a ser cómplice sigilosa de la escena, con la cara sonriente y sus ojos llenos de odio me observa y se desplaza haciendo crujir al azar las tablas del piso.
Delirio eterno, siento que caigo de espaldas por un abismo sin fin, estoy envuelto en llamas y el vacío es tan tremendo que mi alma se siente diminuta ante tal pesadilla, trato de calmar mis pensamientos y respirar, serenarme un momento pero todo intento resulta inútil, yo no tengo el control sobre el castigo que cae sobre mis hombros, los demonios se revuelcan de felicidad ante mi sufrimiento.
No hay bala de pistola ni filo de cuchilla que extinga este agobio, no hay luz que me saque de esta oscuridad, un laberinto de pensamientos peligrosos son los que me controlan, no hay manera de escapar ni tumba para descansar, no es la idea morir, pero tampoco quiero seguir viviendo de esta manera.
A veces la soledad es la peor compañía, porque cuando ella se va solo tus pensamientos quedan contigo, aquellos a los que les debes tanto que solo quieren venganza, por posponerlos, por derogarlos, por ignorar todo lo que pasa en tu interior.
...La noche sigue impávida ante todo lo ocurrido mientras en mi cerebro nace un nuevo universo, el sueño se hace y ya no se si lo que acabo de experimentar es verdad o mentira, realidad o pesadilla, tengo sueño, quiero dormir, estoy cansado y me entrego a lo desconocido...
Inteligencia ante todo -me digo-, inteligencia intrapersonal, para saber manejar los universos pasajeros de nosotros mismos, que somos extranjeros en un mundo que solo nos ve marchar hacia el descanso eterno con los ojos cerrados, sin desviarnos de nuestro camino ni preguntar hacia donde nos dirigimos... quienes somos, o de donde venimos.
...Un espasmo más y me vuelvo a dormir... y me vuelvo a apagar.