seen from United States
seen from United States
seen from China

seen from Netherlands

seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from Netherlands

seen from United States
seen from South Korea

seen from Japan

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Romania
seen from United States

seen from Malaysia
seen from China
Before and after
A veces, el amor necesita distancia para crecer. Hay momentos en la vida en que dos almas se encuentran, se reconocen, pero no es el momento correcto para quedarse. La vida, con su extraña sabiduría, los separa. No como un castigo, sino como una oportunidad: para crecer, sanar y aprender.
Separarse no significa olvidar. Es un acto de respeto hacia el destino, una pausa necesaria en la que ambos se transforman, no para perderse, sino para encontrarse de nuevo, mejores, completos y listos para coincidir cuando el momento sea perfecto.
La distancia no siempre es el fin; a veces es el inicio de la versión más consciente y fuerte de nosotros mismos. Porque solo cuando hemos aprendido a estar bien solos podemos amar con toda el alma, sin carencias ni miedos.
En el amor maduro, no se trata de aguantar, sino de esperar, confiar y estar dispuestos a volver a elegirnos cuando las piezas finalmente encajen.
Pura maldad ❄️
Sin venganza, porque mis ojos jamas te volveran a ver con el mismo amor y eso es suficiente castigo...
Hubo un castigo que no necesitaba látigos ni fuego para desgarrar el alma. Solo gravedad… y silencio.
Se llamaba el burro español, y no tenía nada de inocente.
Consistía en una estructura en forma de V invertida, de madera afilada, sobre la que se colocaba a la víctima completamente desnuda, a horcajadas. El filo presionaba justo entre las piernas, separando lentamente los músculos.
Pero lo más cruel estaba por venir:
le ataban pesas a los tobillos, forzando su cuerpo a caer sin remedio.
A veces eran unos pocos kilos. Otras, decenas.
La presión del propio peso dividía carne, tendones y ligamentos.
El dolor no era inmediato. Era progresivo.
Era un castigo diseñado no solo para destruir el cuerpo, sino para desgarrar la voluntad.
Durante siglos fue utilizado en Europa, especialmente en interrogatorios, castigos ejemplares o como espectáculo público.
No se necesitaba una gran razón para sufrirlo. Bastaba con ser rebelde. O incómodo. O pobre.
Algunos sobrevivían… pero nunca volvían a caminar igual.
Otros simplemente se desangraban en silencio.
Recordarlo no es morbo: es memoria.
Porque la historia también está hecha de heridas.
Y si no las miramos de frente, corremos el riesgo de repetirlas.
A esta hora, en que la tarde se desmaya, necesito tu abrazo.
Y en esa espera, mis ojos, ansiosos de primavera, miran cómo este
otoño que comienza se rinde, una vez más, al castigo del tiempo
gris.
Pero los sentidos, incoloros, seguirán ardiendo juntos en la misma
brasa.
Un beso con amor
Últimamente me siento convencido de que solo he recibido castigos ante mis actos, ¿Cuáles son castigables? No se, pero estoy pagando caro.
Lonely_Boy🥀
Una breve estancia en el infierno, de Steven L. Peck (2026)