Decepcionado.
Cansado.
Sin propósito.
Debí pasar por el aislamiento forzado para darme cuenta de quiénes me rodean, de cómo son quienes me rodean, de lo que fingía la gente para estar bien conmigo.
Preferiría haber estado aislado desde el principio, a haberme rodeado de tanta falsedad e inestabilidad, para luego golpearme y abandonarme.
Veo las noticias, las redes sociales, la calle... Nada que cautive, sólo desgracia y apariencia... ¿Será el título de esta vida? Aparentar para ocultar esa desgracia que somos como personas, como comunidad, como sociedad. Un saco de desgracias que logramos cubrir con una sábana para que todos crean que estamos blancos, limpios y puros, indemnes...
Me agota la vida, desconozco el propósito con el que continúo aquí a mis casi 30 años, si al final vivo para trabajar, no hago feliz a nadie, no inspiro a nada ni nadie. Tal vez la curiosidad por saber qué sigue sea mayor todavía en comparación a la resignación que crece a gran velocidad cada día que pasa.
Es un mundo falso, injusto, desesperanzador, agobiante, y no tengo refugio, todos se cayeron a pedazos o se están cerrando.
Estoy cansado, y creo que sólo sigo para no hacer sufrir a mamá.













