compré un café y le sonreí a la barista, siempre sucede en realidad, pero estaba practicando mindfulness y noté el incremento de velocidad. Me miró con la cara seria y yo le sonreí para recibir una sonrisa de vuelta, es curioso cómo nos contagiamos. Tiene tiempo que no estoy presente en mi propia vida, que no vivo al cien por ciento. Tiene tiempo que no estoy loco. De ninguna manera le tiraría una sonrisa a la mujer de la derecha, no lo haría porque nadie lo hace, como si hubiera un boceto que dicta quién tengo que ser. No me había dado cuenta de que estaba muerto. Cuando iba en la universidad era amable y la gente siempre pensaba que coqueteaba con ella. No lo entendía, ahora lo veo, en un mundo de dictados aquello que sale de la norma es la diferencia. El hábitat del juez. El mindfulness es estar presente, pisar el freno y estar en el momento, estar en el aquí y el ahora, borrar el conjunto de ideas sin juzgar, pero con ética más el recuerdo de una figura virtuosa. El terror de estar presente seguro se origina en la infancia, cuándo no queremos estar en dónde estamos, es probable que las dolencias y cicatrices de la niñez originen un ansia de velocidad. "Ojalá todo termine" Cuando compré mi primer celular me sentí aliviado de no estar sólo ningún momento, le tengo un enorme miedo al presente. Parece que tengo que soportar a cada segundo el dolor y enfrentar el problema con todo mi dolor, sin poder escapar, de hecho, la ansiedad parece ser una claustrofobia que no te deja irte... Desasociar es eso, no querer estar en dónde se está, asumir que no se es capaz, pero quién gobierna en este momento es el patrón previo, ósea aquello que hemos aprendido y que nos enseñaron, cosas que ni si quiera hemos escogido creer. El mindfulness es elemental en nuestras vidas pues el presente es el único lugar en donde realmente estamos seguros. El pasado está lleno de malas experiencias, el futuro de poca certeza, consecuentemente el presente es el mejor lugar para quedarnos.















