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Me imagino que ha sido complicado ser hombre desde siempre, uno tiene que ser suficiente en diferentes aspectos, en lo económico, en la salud física y mental, todo para servir como guía en la familia. Hay muchos tipos de hombres, algunos son llamados pocos hombres, algunos son hombres sólo en la intimidad, algunos nunca crecieron y siguen siendo niños a sus 60, algo que compartimos todos pienso yo es la soledad, la imposibilidad de confiar en alguien pues las cosas que se dijeron en la intimidad serán gritadas con desprecio en voz alta, le pasa al infante y a los mayores, el odio suele impregnar cada momento de la vida personal, a esto se le denomina micropolítica de los afectos. ¿A quién no le conviene que estemos tristes y vayamos al trabajo así? Creo que a todos les parece una gran idea, al compañero, al jefe, así, uno no pelea, así uno esquiva el problema y así uno resuelve. En la familia es más de lo mismo, sólo llego a descansar, no hablo, soy un cajero, casi no existo. Soy muy inteligente, se que no puedo confiar en nadie, si confiase en alguien le pertenecería, sería suyo y ya he tenido muchos dueños; mis padres, la empresa, el trabajo, mi novia y Dios. Todos y cada uno de esos dueños me han fallado, yo me he fallado también, no he sido capaz de seguir los preceptos de la razón, mirar la realidad como una obra de arte en dónde ejemplifico un papel con gusto, en dónde medito tres o más veces al día, no me he esforzado por mi, siempre buscando dueños. Aquí en occidente se le dice chillón al que no aguanta la carga, para todos son chillones, algunos llorarán en la noche mientras nadie los ve, algunos otros lo harán frente a todos, pero me doy cuenta en el gran estomago del jefe que la tristeza que lleva se convirtió en grasa que carga como un peso que acabará matándolo. Sólo tiene dinero. Y de las mujeres no puedo hablar mucho, es dificil encontrar a una que quiera mejorar contigo en lugar de pedirte que la hagas feliz, como algún día prometiste. Los planes cambiaron y tu no sabes esperar, tal vez ya esta con otro, no lo se... No hay mucho que reclamar, pero si mucho qué hacer.







