Qué lento es el proceso para que germine una semilla y nazca una flor, pese a que lamentablemente, por lo contrario, es tan rápida la forma en que esta llega a secarse. Ya sea porque se acabó su lapso de vida o, porque por más que la regaste y cuidaste con la delicadeza que merecía, esta no aceptaba su lugar y por consecuente se marchitó.
Así es el ciclo de la vida y, con el corazón roto queda aceptar que el mismo tiene un fin; que las cosas terminan, las luces se apagan, el sol se esconde, los días acaban y los latidos se detienen.
Una flor preciosa se ha marchitado, dejando sus pétalos secos dispersos entre flores frescas, haciéndoles llorar y lamentarse pero, a su vez, nutriendo sus raíces, dejando huella y existiendo hasta el último recuerdo en el corazón.