¡Oh Dios! Tiene una carita tan agraciada, de ángel que hace querer arrancarle las mejillas a besos. Ah, pero cuando canta su voz es muy gruesa, rasposa, exquisita; que al escucharla no querrás jamás despegarte de esa dulce melodía que emite. Sus mañas, que para muchos son debilidades, para mí son acciones que me encantan y me deleitan.-














