Reflexiono, y esta vez, me maldigo por jactarme, cada tanto, de ser algo desdichado. Debería reconocer que yo he sido, aquella noche en ese cuarto, un muchacho afortunado. Por robarte una sonrisa con la prisa de un diablo intratable. Por hacerte parte mio, y en un descuido desnudar a este ángel.
Salta la banca

















