El vestido de la novia
Soy cáncer, me considero muy romántica y tiendo a ilusionarme mucho con las cosas a pesar de las adversidades. Por eso, a pesar de todo intenté disfrutar de los trámites cuando él no estaba presente.
Con el vestido, no le di muchas vueltas, fui a una de mis tiendas favoritas y me compré un vestido de fiesta pensando en poder utilizarlo para otros eventos. Trataba de pensar, qué suerte, gracias a esto, me voy a poder comprar un vestido fantástico y podré amortizarlo en otras bodas. Fui un par de días a probarlo con mi madre a la tienda, disfrutaba tanto como repudiaba este momento a partes iguales. Disfrutaba porque no tenía precio ver a mi madre con una felicidad infinita, era su sueño, verme casada, guapa, feliz. Ella soñaba con una boda por la iglesia, por tradición y creencia, pero si no podía ser, al menos que fuera casada por lo civil. Lo aborrecía porque tenía la intuición que esto iba a ser mi perdición, que todos los pasos que había dado hacia la libertad los estaba hundiendo en la tierra y que estaba cediendo al patriarcado y hacia la creencia de un cuento de hadas que yo sabía que no exisitía.
Pero cogí carrerilla y seguí con el ramo, en mi floristería favorita. Todo super sencillo. También una amiga peluquera me dijo que me peinaría, yo le puse como requisito, que no fuera un peinado de novia, simplemente que fuera un poco más mona que de normal. Y disfruté de todo esto a mi manera, fue como darme un regalo que de otra manera no lo hubiera hecho.
Mis padres me organizaron un viaje familiar, como el último viaje que iba a hacer con ellos soltera. Estaban muy emocionados de este momento, yo no paraba de decir, cada vez con una voz más tímida, que creían que iba a cambiar el matrimonio, si para mí ya era como si estuviéramos casados. Vivíamos juntos desde hace-oficialmente unos años-.
Por las noches empezaba a no poder dormir y sentir una opresión en el pecho, sentía que debía parar todo con la misma fuerza que me hacía seguir adelante. Fantaseaba en cómo sería vivir todo esto de una manera normal, ilusionándote con tu pareja en cómo organizar la fiesta o en disfrutar de todo esto juntos. Con nosotros no era posible. Él me decía, tranquila, necesito que pase todo esto y luego ya estará todo bien.










