Tal vez nadie la habita ni la quiere, Y acaso nunca la vivieron hombres; pero su lento corazón palpita con un profundo latir de resignando, cuando el rumor la hiere y la sangra del trémulo costado. Imagino, en la casa del silencio, un patio luminoso, decorado por la hierba que roe las canales y un muro despintado al caer de las lluvias torrenciales.
José Gorostiza Alcalá
















