Exactamente.
No has sabido los ríos de lágrimas, que he soltado esta última semana.
Porque eres un lobo. Realmente.
Lobo, tú, que me has destrozado con tus aullidos. Yo que bajé para estar contigo, y una vez en el suelo, has decidido que no sabes que hacer...
Y me has mordido de tal manera, que el mordisco me ha terminado de rematar en una muerte dulce y extraña.
No quiero seguir aquí












